…en la valla…

BAB’ AZIZ. El príncipe que contemplaba su alma.

Lunes 12 Mayo 2008 · No Comments

Hay tierras que están llena de agua para el bienestar del cuerpo
y tierras que están llenas de arena para el bienestar del alma

Proverbio tuareg

Erasé una vez, hace muchas lunas, en el desierto, un príncipe que se miró en un estanque. Pero sólo los que no están enamorados, ven su reflejo; el príncipe, miraba su alma. Y tanto la contempló, que terminó cambiando el mundo visible por el invisible…

Bab’ Aziz le cuenta esta historia a Isthar, su nieta de nueve años, para entretenerla mientras atraviesan el desierto para acudir a la reunión que los derviches realizan cada treinta años. Bab’ Aziz es un derviche sufí ciego. Un derviche es un miembro de una hermandad religiosa y ascética islámica, que vive como un mendigo, sin posesiones materiales, en busca de la sabiduría. Bab’ Aziz le explica a Isthar que para poder encontrar el lugar de la reunión hay que tener fe; solo así hallarán el camino. Además se van encontrando con otros caminantes que también les cuentan sus historias: Zaid, que busca a la bella Noor, a la que sedujo con sus canciones; Osman, que busca a su amada en el fondo de los pozos…

Dice el señor Khemir, el director, que es una película política, que la ha rodado para hacer saber al mundo que el Islam también es humanismo, no sólo terrorismo fanático fundamentalista; porque el único modo de acabar con el miedo que ahoga a la gente, es acabar con la ignorancia sobre “el otro”. Pero no esperen encontrarse una peli panfletaria. Con una música imprescindible y una fotografía, a cargo del iraní Mahmoud Kalari, impresionante (a pesar de que no salga ninguna puesta de sol), el tunecino Nacir Khemir ha creado un bellísimo cuento recién sacado de las Mil y Una Noches. Ni la mismísima Sherezade lo hubiera contado mejor. Un cuento que habla de las cosas importantes; de lo que solo se ve con el corazón; de la vida, de la muerte y del amor.

En fin, una hermosísima y fascinante película.

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DOWD, ELWOOD P.

Domingo 11 Mayo 2008 · 1 Comment

El señor Dowd lo tiene todo: cerebro, personalidad y amigos. Le quieren tanto los hombres como las mujeres. Podría haber sido algo en la vida, haberse creado un puesto en la sociedad; podría ser un personaje importante. Pero tras luchar durante treinta y cinco años con la realidad, al fin consiguió vencerla. Desde entonces se dedica a ser bondadoso e insólitamente optimista. Un auténtico hombre tranquilo. Lo que resulta bastante desconcertante para los que le rodean.

Una noche se encontró con el que se convertiría en su mejor amigo. Harvey es un pooka (espíritu benigno y juguetón de la mitología céltica) en forma de conejo de dos metros y nueve centímetros. Harvey es sorprendente y tiene muchísimas habilidades; incluso es capaz de parar los relojes.

Elwood y Harvey van a los bares, se piden unos martinis, ponen música en la gramola y escuchan las cosas grandiosas, porque nunca se vió que nadie llevara cosas mezquinas al bar, que los parroquianos quieran contarles. En esos momentos Elwood y Harvey se sienten felices, porque es bonito entrar a un bar en dónde nadie te conoce y acabar rodeado de amigos; porque nunca se tienen suficientes amigos. Y cuando han escuchado sus grandes sueños y sus no menos grandes hazañas, le dicen: “Elwood, es usted un tipo simpático”.

Entonces Elwood les presenta a Harvey, que es mucho más grande y extraordinario que todo cuanto ellos le ofrecen. Y, en fin, los parroquianos se van impresionados. Raramente vuelven los mismos, pero eso es por envidia; hasta en las mejores personas hay algo de envidia.

Hay quien se dedica a chismorrear sobre la inexistencia de Harvey e incluso se atreven a a adjudicar la existencia del pooka a los martinis que pide el Señor Dowd. Hasta su familia intenta recluirle en un manicomio para que no entorpezca sus planes arribistas. Todo el mundo quiere que sea normal y que en vez de ver pookas vea sus responsabilidades. Prefieren que se aburra tanto como ellos.

Es lo que tiene ser bondadoso: que te acusan de borracho, de loco, de raro o de asocial y te condenan a la soledad.
Afortunadamente para el señor Dowd, él nunca está solo: siempre tiene a Harvey alrededor.

“Cuando yo era chico mi madre tenía la costumbre de decirme: ‘En este mundo, Elwood, es preciso’ –ella siempre me llamaba Elwood- ‘En este mundo, Elwood, es preciso que uno sea o muy listo o muy bondadoso’. Durante años fui muy listo. Es mejor ser bondadoso. Divulgue mi consejo”

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VOY AL CINE, LUEGO VIVO. Carlos Boyero.

Viernes 9 Mayo 2008 · No Comments

“Guarda tus mejores recuerdos, y si llegas a viejo, que te sirvan”, le leí hace mucho tiempo a un poeta, en una edad que veía muy lejano el invierno, en la que podía existir el coqueteo con la pavorosa idea de la muerte, cuando ésta no había empezado a amenazar o a masacrar a tu entorno afectivo. Pero ya se está acercando la época en la que la memoria se empeña en almacenar y mimar recuerdos gratos, en acorazarse ante la llegada del frío y de la nieve.

Y comienzas a sentir razonable terror ante la sospecha de que puede extinguirse el remoto y salvador ritual de nombre prosaico y efectos mágicos conocido como “ir al cine”. Es algo de lo que forzosamente te tienes que haber enamorado en la infancia, sin criterio selectivo ni sentido crítico, sin la presencia de aquel género con el enunciado fatigoso y enfático del arte y ensayo. Boskov pasó a la historia de la filosofía por una definición tan incontestable como “fútbol es fútbol”. Pues eso, que “cine es cine”, y sacarlo de su espacio natural para consumirlo desde el sofá de tu casa, en la pantalla del ordenador, en el móvil o en el televisor más espectacular y diáfano siempre será un sucedáneo, una impostura, sin la menor relación con el espíritu de un placer sagrado.

Nos habían contado en imágenes la tragedia y el desgarro emocional que implica echar el cierre a una sala de cine. Ocurría en la estremecedora La última película, en un pueblo en blanco y negro llamado Anarene, con vidas prematuramente rotas, traicionadas, abandonadas, que asistían en una pantalla a la vitalista epopeya que describía Hawks en Río rojo. También en la tan llorona como eficaz Cinema paradiso, y acompañando a la problemática supervivencia del inmenso y querible Mastroianni en Splendor. Esas ficciones nos parecían muy tristes, pero también lejanas. Sin embargo, la amenaza ya ha llegado. Las salas, excepto en el fin de semana, están vacías. Los empresarios más pragmáticos e imaginativos, constatando que el naufragio es inminente, comienzan a vender en el templo opiáceos exquisitos o masivos como ópera, fútbol y videojuegos.

Y maldiciendo continuamente la incomodidad y vetustez de la mayoría de los cines, la imagen desenfocada, el sonido inaudible o excesivo, las copias en estado lamentable, las restricciones con la calefacción y la refrigeración glacial, la masticación palomitera que puede provocar un ataque de nervios, las hostias que te amenazan en la oscuridad por la mezquina ausencia de acomodadores, la certidumbre de que los fenicios no han cuidado a su clientela, que la gallina de los huevos de oro se extinguió por la codicia de los dueños de la granja, a pesar de tantas miserias constatables, yo siento una angustia apocalíptica ante la extinción de la forma irreemplazable de ver el cine. En soledad o en compañía, en la primera sesión o en la madrugada. Esa droga dura no admite adulteraciones.

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BLACKBIRD. Paul McCartney.

Miércoles 7 Mayo 2008 · 1 Comment

Blackbird singing in the dead of night
Take these broken wings and learn to fly
All your life
You were only waiting for this moment to arise

Blackbird fly, Blackbird fly
Into the light of the dark black night.

Black bird singing in the dead of night
Take these sunken eyes and learn to see
all your life
you were only waiting for this moment to be free

Blackbird fly, Blackbird fly
Into the light of the dark black night.

Blackbird singing in the dead of night
Take these broken wings and learn to fly
All your life
You were only waiting for this moment to arise

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NIÑOS DE TIZA. David Torres.

Martes 6 Mayo 2008 · 1 Comment

Una tarde Pedrín logró convencer a su madre para que le comprara un pollito de colores. Los habíamos visto un día dentro de una caja de cartón, amontonados unos encima de otros, pintados de verde, rosa y azul, y ya no quisimos otra cosa. Mi madre me dijo que ni hablar, que aquello era una crueldad, que los sumergían en colorante nada más salir del cascarón y muchos morían o se quedaban ciegos. Después del primer remojón, la supervivencia del pollito dependía de su habilidad para alzarse sobre las cabezas de sus congéneres, chillando entre estrujones y apretones, hasta que el capricho de algún niño los rescataba del martirio. El vejete que los vendía —abrigo gris raído, bufanda anaranjada, boina— permanecía horas de pie en la acera, vigilando la caja de cartón, soplándose de vez en cuando las manos heladas y sumergiéndolas en el vocinglero y bullente plumaje, buscando el calor de los recién nacidos entre las manchas de mierda. Muchos pollos morían dentro de la caja, de hambre, de frío, picoteados o aplastados por las patas de sus compañeros, y más de una vez, ante el estupor del crío apretaba un duro entre sus dedos, el viejo sacaba un cadáver rígido en lugar de una bola viva de plumas.
—Éste se ha dormido —decía, guardándose el despojo en el bolsillo del abrigo—. Espera, que te doy otro.
Pedrín eligió un pollito rosa que no paraba de templar y que entrecerraba los ojos como si también fuera a dormirse para siempre. Lo alimentó con pan mojado en leche y lo guardó en una caja de zapatos que colocó al lado de la estufa. Tuvimos suerte y el bicho logró salir adelante; la mayoría de los pollitos apenas duraban unos días, casi todos acababan asfixiados por alguna reacción alérgica a la puñetera pintura.
—Habrá que buscarle un nombre —dije yo, mirando al pollo rosa que iba y venía, piando y cagándose por los cuatro rincones.
—Ya lo tiene —dijo Pedrín—. Se llama Pollo.
Poco antes de Navidades, Pollo perdió su plumón y cambió su bonito colorido rosa por una envoltura amarilla común y corriente. Pensábamos que alguien nos había dado el cambiazo y andábamos por ahí con un mosqueo tremendo. No sirvió de nada que mi padre nos explicara el proceso: los niños no pueden admitir que se esfume un arco iris. Después, cuando creció, Pollo fue perdiendo la poca gracia que le quedaba hasta transformarse en un vulgar proyecto de gallina doméstica. Lo que antaño había sido un pequeño milagro ahora apenas cabía en la caja de zapatos, se hacía difícil llevarlo de un lado a otro y ninguno de los dos quería limpiar las cagadas que iba depositando a su paso. El día en que dejamos de llamarlo por su nombre, paso a engrosar las filas de los pollos anónimos, los pollos con minúscula que atiborran las granjas y aguardan desplumados tras un mostrador de cristal. Su familia estaba hasta los cojones. El pollo iba y venía por la casa con sus andares de cine mudo, siempre detrás de Pedrín, pero ya no le hacíamos ningún caso. Era sólo un estorbo, un juguete pasado de moda. Un día su madre le retorció el pescuezo y lo sirvió en pepitoria sin decirle nada a su hijo[...]

Básicamente, la infancia es un pollito de colores. El chavalín rollizo y gracioso que desemboca en un adolescente gordinflas y un par de gafas de culo de vaso; la guapa nena con trenzas que se resuelve en una niñata histérica con la cara picoteada de granos. El timo del pollito se va repitiendo a todo lo largo de la vida. Más tarde o más temprano uno termina por comprender que la existencia puede resumirse en una larga y enrevesada sucesión de estafas, que no ha hecho otra cosa más que acumular pollitos de colores: un matrimonio fallido; una novia muy guapa que resulta un pendón; un trabajo cojonudo que a los tres meses se convierte en una condena a galeras; un cinturón de campeón de Europa de los medios que acaba colgado en una pared del salón, junto a aquel diploma de tercero con el que mi padre daba el coñazo a las visitas. Al final lo único que queda de cualquier milagro es un jodido pollo amarillento que se va cagando por todas las habitaciones, un pajarraco ridículo que ni siquiera sabe volar y que sólo sirve para la cazuela.

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Noche de Cine: Footsteps in the Fog (1955)

Domingo 4 Mayo 2008 · 7 Comments

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BARCELONA. Ronnie Lane.

Domingo 4 Mayo 2008 · 3 Comments

So we said goodbye to Barcelona,
well with a bunch of brandfire new strings in her hand.
Oh we all know, and we all knew the crew know.
Oh that the captain’s gin bottle rarely left his hand.
Message broke on the(?) wireless.
Was a storm force warning numbered gail 9.
When the crew brought the hymn books and stood around us
and we sang our hearts all night Auld Lang Syne.
Oh there where many of us here when we started.
But the numbers they have dwindled one by one.
Oh now some have left and some been carried from here
but I guess we’re here until this job is done.

So we said goodby to Barcelona.
Oh with the Flotsam and Jetsam floating way behind.
Yeah and seagulls with their fish follow an jumping,
and you can almost hear the singing of those sirens.
So we said goodbye to friends with friendship,
with a hug’n'kiss and misty in their eyes.
And now I’m here back home with my kin’n'kingship,
I say a prayer for those at sea and I know why.

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Día de sol haciendo nada

Miércoles 30 Abril 2008 · 4 Comments

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Peticiones del Oyente: BABY O. Dean Martin & Paris Bennett.

Martes 29 Abril 2008 · 1 Comment

Baby-O You I Dig
Like-a the most ooh really big
Love the shape of your brow
Love your ooh Love your ah, Love your wow

Baby-O Tell Me True
Could you go for me too
Cross your heart if it’s so
That you’re my hope to die Baby-o

Baby-o you won’t quit
Like I mean this is it
Love your mad Swinging pad
You know what you’re a nut and I’m glad

that’s a nice

Ah Baby-o May I fly
In a plane through the sky
Writing words just to show
That you’re my ten mile high baby-o

Baby-o sugarplum
You are so yummy yum
Plus to wit and whereas
And Tres jolie e.t.c.
And all o that jazz

Baby-o there are laws
So I wrote to old Santa Claus
Under my mistletoe
Just for one, please leave one
Baby-o

→ 1 CommentCategories: Canciones

Peticiones del Oyente: BEAUTIFUL GIRL. Georges Harrison.

Martes 29 Abril 2008 · 9 Comments

Never seen such a beautiful girl
Got me shaking inside
Calling on me from deep within her eyes
Not the kind you go handing around
Want to keep her right there
But this love it don’t come as no surprise

And when I saw the way that she smiled at me
I knew it there and then that she was A 1
And then I felt the way she was touching me
Was something I had known I was waiting upon

Never seen such a beautiful girl
Had me quickly untied
Calling to me she made me realize
Not the kind that is lost or is found
She has always been there
A lover needed for this soul to survive

And when I saw the way that she smiled at me
I knew it there and then that she was A1
And when I felt the way she got through to me
Was something I had know I was waiting upon

Never seen such a beautiful girl
Got me shaking inside
Calling on me from deep within her eyes
Not the kind you go handing around
Want to keep her right there
But this love it don’t come as no surprise

→ 9 CommentsCategories: Canciones

Mil años de oración

Martes 29 Abril 2008 · 5 Comments



Hacen falta mil años de oración para encontrar un compañero con el que navegar en un bote;
hacen falta tres mil años de oración para encontrar con quién compartir la almohada.

El señor Shi llega a Estados Unidos para conocer la América en que su hija Yilan, a la que no ha visto en doce años, es feliz. Pero su hija no es feliz. Y él no lo entiende. El señor Shi ha tenido una vida feliz a pesar de que la Revolución Cultural le arrebató los sueños y le jodió la vida. ¿Por qué su hija, que vive en una país libre, no lo es?
Esta peli habla de la soledad, de la huida; de las mentiras que nos contamos para sobrellevar la vida, de las verdades que no contamos para que no nos hieran; de nuestra incapacidad para ayudar a ser felices a las personas que amamos.
Lo mejor es que no es una peli triste. Es extraña, cotidiana, con humor, llena de ternura… como un día cualquiera.
Impagables las conversaciones en chinoiraninglish entre el señor Shi y una amiga iraní que se echa en un parque.

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DesENCUENTROS. Jimmy Liao.

Domingo 27 Abril 2008 · 14 Comments

Pero, en la vida se producen siempre felices coincidencias,
y dos líneas paralelas pueden llegar a cruzarse algún día [...]
Así pues, un día, se encuentran junto al surtidor del parque.


Es como si fueran amantes que no hubieran podido verse durante años.

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Forges

Domingo 27 Abril 2008 · 14 Comments

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Tontadas que circulan por internet: Life’s too short for the wrong job!

Sábado 26 Abril 2008 · 7 Comments

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AWALÉ

Jueves 24 Abril 2008 · 20 Comments



El Awalé es uno de los juegos más antiguos que se conocen. Pertenece a la familia de los juegos mancala y es, por tanto, de origen africano.
Como juego agrario que es, su objetivo es llenar el granero. Mejor dicho: conseguir que tu granero esté más lleno que el del vecino. El tablero de juego consta de dos campos de labranza (el propio y el del susodicho vecino), cada uno con seis agujeros en los que se siembran y recolectan semillas. Inicialmente se colocan cuatro semillas en cada agujero. Los jugadores van alternando el turno de juego. En cada turno, el jugador tomará las semillas de un agujero de su campo, y las irá sembrando una a una en los agujeros consecutivos de ambos territorios, en sentido inverso a las agujas del reloj. Si la última semilla se siembra en un hueco del adversario que, antes de sembrar, tuviera una o dos semillas, el jugador recolectará las dos o tres semillas que quedan después de la siembra y se las guardará en el granero. Es más, si la casilla precedente también tuviera dos o tres semillas, éstas también se recolectan, y así sucesivamente, ¡siempre y cuando no te salgas del campo del vecino!
Si el número de semillas tomadas para sembrar es muy elevado y se da la vuelta completa al tablero, la casilla de la que se partió deberá saltarse y, por tanto, quedará vacía.
Y como somos buena gente solidaria, no es recomendable matar de hambre al vecino (¿si no ante quién vamos a fardar de la estupenda cosecha???), por lo que siempre hay que jugar de modo que el adversario tenga semillas con las que jugar. Sólo se puede dejar al vecino sin semillas en caso de imposibilidad de efectuar una jugada que le alimente, en cuyo caso el juego termina.
Dicen que aunque se aprende a jugar en unos cinco minutos, “son necesarios varios años para dominar las sutiles estrategias” del awalé.
Como ésto de sembrar y recolectar es realmente cansado, es recomendable acomodarse en un rincón acogedor, a poder ser con una cerveza bien fría que refresque el gaznate y ayude a pasar las semillas.

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