…en la valla…

Entradas de Enero 2007

ROMPEOLAS, SAN SEBASTIÁN. Joaquín Sorolla.

Miércoles 31 Enero 2007 · 4 comentarios

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Categorías: Colores

LA NARRACIÓN ALMANAQUE. Wilhelm Hauff.

Miércoles 31 Enero 2007 · 8 comentarios

En un hermoso reino lejano, del que se dice que el sol nunca se pone en sus jardines eternamente verdes, reinaba desde el principio hasta hoy la reina Fantasía. Desde hacía muchos siglos, derramaba a manos llenas sobre los suyos la plenitud de sus riquezas, y era querida y honrada por todos los que la conocían. Sin embargo, el corazón de la reina era demasiado grande para limitarse a favorecer a su país. Con el ornato real de su eterna juventud y belleza, descendía a la Tierra, pues había oído decir que allí viven hombres que llevan una vida triste, entre fatigas y padecimientos. A éstos les había traído los más bellos dones de su reino, y desde que la hermosa reina pasaba por los campos de la Tierra, las gentes permanecían contentas en su trabajo, más alegres dentro de su seriedad.
También a sus hijos, no menos hermosos y amables que su real madre, los envió para hacer felices a los hombres. En una ocasión en que Narración, la hija mayor de la reina, había regresado de la Tierra, la madre advirtió que su hija estaba triste; incluso le pareció en algunos momentos que tenía los ojos llorosos.
—¿Qué tienes, querida Narración? —le dijo la reina—. Desde tu viaje estás triste y deprimida. ¿No quieres confiar a tu madre qué añoras?
—¡Ah, querida madre! —respondió Narración—. No habría callado tanto tiempo si no supiera que mi pena es también la tuya.
—Continúa hablando, hija mía —rogó la hermosa reina—. La pesadumbre es una roca que aplasta a uno solo, pero dos la apartan fácilmente del camino.
—Si así lo deseas —respondió Narración—, escucha: ya sabes con qué placer frecuento el trato de la gente, la alegría con que me sentaba delante de la choza de los más pobres para charlar con ellos una horita después del trabajo; por otra parte, me ofrecían en seguida su mano saludándome cuando llegaba, y cuando seguía mi camino me miraban sonrientes y contentos. ¡Sin embargo, en estos tiempos ya no es así!
—¡Pobre Narración! —dijo la reina acariciándole la mejilla, que humedecía una lágrima—. ¿No es posible que sean imaginaciones tuyas?
—Créeme —respondió Narración—, me doy cuenta perfectamente de que ya no me quieren. En todos los lugares a los que llego me reciben con miradas frías, en ninguna parte se me considera ya bien; incluso los niños, a los que siempre he querido tanto, se ríen de mí y vuelven la espalda precozmente.
La reina apoyó la frente en la mano y guardó silencio reflexionando.
—¿Y a qué puede deberse —preguntó la reina— que la gente haya cambiado allá abajo?
—Los hombres han dispuesto guardianes inteligentes que inspeccionan y comprueban con mirada crítica todo lo que procede de tu reino, ¡oh reina! Si llega uno que no se ajusta a su criterio, profieren grandes gritos, lo golpean hasta dejarlo medio muerto o lo difaman de tal modo entre la gente, que ésta cree a pies juntillas que ya no hay nada de amor, ni una chispita de fidelidad. ¡Ah, cuánto mejor lo tienen mis hermanos, los Sueños, que brincan por la Tierra alegres y ligeros! Les importan poco aquellos hombres inteligentes y visitan a los durmientes, tejiendo y pintando para ellos lo que hace feliz a su corazón y alegra sus ojos.
—Tus hermanos son unos muchachos atolondrados —dijo la reina—. Y tú, querida mía, no tienes ningún motivo para envidiarlos. Por lo demás, conozco a esos guardianes. Los hombres no han hecho tan mal en colocarlos. Llegaban algunos tipos fanfarrones y hacían como que procedían directamente de mi reino, aunque a lo sumo nos habían entrevisto desde algún monte.
—¿Pero por qué me hacen sentir esto a mí, a tu propia hija? —se lamentó Narración—. ¡Ah, si supieras cómo me han tratado! Me censuraron como a una vieja solterona y me amenazaron con no dejarme entrar la próxima vez.
—¿Cómo? ¿No dejar entrar a mi hija? —exclamó la reina, acentuando la cólera el rojo de sus mejillas—. Pero ya sé de dónde procede esto: la malvada Tía nos ha calumniado.
—¿La Moda? ¡No es posible! —exclamó Narración—. ¡Parecía siempre tan afable!
—¡La conozco, a la muy falsa! —respondió la reina—. Pero inténtalo otra vez, para fastidiarla. A mi hija, que quiere hacer el bien, no debe detenérsela.
—¡Ah, madre! Pero ¿y si me rechazan de plano, o si me acusan de que los hombres no quieren ni verme, o me dejan sola y despreciada en un rincón?
—Si los mayores, deslumbrados por la Moda, te menosprecian, vuélvete hacia los pequeños, que verdaderamente son mis preferidos: a ellos les envío mis imágenes más queridas a través de tus hermanos, los Sueños; incluso yo misma he volado muchas veces sobre ellos, los he acariciado y besado, y he jugado con ellos a hermosos juegos; me conocen bien, aunque no saben mi nombre, pero ya he advertido a veces cómo de noche sonríen a mis estrellas, v por la mañana baten palmas de alegría cuando mis brillantes corderos aparecen en el cielo. Incluso cuando se hacen grandes me aman todavía; ayudo a las amables muchachas a tejer coronas de muchos colores, y los impetuosos jóvenes se apaciguan cuando me siento a su lado en lo alto de las rocas y hago aparecer ante ellos elevados castillos y brillantes palacios del mundo nebuloso de las lejanas montañas azules, y con las nubes rojizas del atardecer construyo bandas de intrépidos jinetes y extrañas comitivas de peregrinos.
—¡Ah, qué encantadores son los niños! —exclamó Narración conmovida—. Sea, lo intentaré otra vez con ellos.
—Sí, mi buena hija —dijo la reina—, ve con ellos. Pero quiero vestirte con un poco de esmero para que gustes a los niños y los mayores no te rechacen. Te daré el ropaje de un almanaque.
—¿De un almanaque, madre? Me da vergüenza aparecer así delante de la gente.
La reina hizo una seña y las sirvientas trajeron los elegantes ropajes de un almanaque. Eran de colores brillantes y de un tejido de hermoso estampado.
Las doncellas trenzaron los largos cabellos de la hermosa joven, calzaron sus pies con sandalias doradas y le pusieron el traje.
La discreta muchacha no se atrevía a mirarse, pero la madre la Contempló con benevolencia y la estrechó en sus brazos.
—Ve con mi bendición —dijo a la pequeña—. Y si te desprecian y escarnecen, vuelve conmigo; es posible que las generaciones posteriores, más fieles a la naturaleza, vuelvan de nuevo su corazón a ti.
Así habló la reina Fantasía. Narración descendió a la Tierra. Con el corazón palpitante se aproximó al lugar donde se hallaban los guardianes inteligentes. Inclinó la cabecita hacia el suelo, se ajustó el hermoso traje y con aire vacilante se acercó a la puerta.
—¡Alto! —exclamó una voz profunda y ronca—. ¡Atención! Ahí viene un nuevo almanaque.
Narración tembló al oírlo; varios hombres de edad, de apariencia sombría, salieron precipitadamente. Tenían plumas afiladas en el pulgar y las dirigieron a Narración. Uno del grupo avanzó hacia ella y la agarró de la barbilla con su tosca mano:
—¡Venga —gritó—, la cabeza levantada, señor Almanaque, para que se le pueda ver en la cara si es auténtico o no!
Narración alzó la cabecita sonrojándose y levantó sus ojos negros.
—¡La Narración! —exclamaron los guardianes riendo a carcajadas—. ¡La Narración! ¡Nos imaginamos que vendría! ¿Pero cómo vienes con esa ropa?
—Mi madre me la ha puesto —respondió Narración.
—¿Sí? ¿Quiere que no pases inadvertida? ¡De eso nada! Fuera de aquí rápidamente —exclamaron los guardianes alzando las plumas puntiagudas.
—¡Pero yo sólo quiero ir con los niños! —rogó Narración—. ¿No podríais permitírmelo?
—¿Es que no anda ya suficiente gentuza por el país? —exclamó uno de los guardianes—. Sólo les cuentan estupideces a nuestros hijos.
—Veamos lo que sabe esta vez —dijo otro—. Venga, di lo que sabes; pero date prisa, porque no tenemos mucho tiempo para ti.
Narración alargó la mano y trazó en el aire muchos dibujos con el índice. Se vio entonces desfilar figuras multicolores, caravanas con hermosos corceles, caballeros con lujosos atavíos, tiendas sobre la arena del desierto, pájaros y naves en procelosos mares, bosques tranquilos y plazas, y calles populosas, batallas y nómadas pacíficos: todos aparecían en imágenes vivas, en variopinta multitud.
En su afán por presentarles las imágenes, Narración no había advertido que los guardianes se habían ido quedando dormidos. Se disponía a hacer nuevos dibujos cuando un hombre se le acercó amablemente tomándole la mano:
—Mira, buena Narración —dijo señalando a los que dormían—, para éstos tus cosas llenas de color no son nada. Cruza rápidamente la puerta: no sospecharán que estás en el país, y podrás seguir tu camino en paz y pasar inadvertida. Quiero conducirte junto a mis hijos. En mi casa hallarás un lugar tranquilo y acogedor. Puedes quedarte allí y hacer tu vida. Si mis hijos e hijas han aprendido bien, acudirán a ti con sus juegos y te escucharán. ¿Quieres que así sea?
—¡Ah, cuan a gusto te seguiré junto a tus queridos hijos! ¡Cómo voy a esforzarme por hacerles pasar un ratito alegre de vez en cuando!
El buen hombre asintió amablemente y le ayudó a pasar por encima de los pies de los guardianes dormidos. Al pasar, Narración miró sonriendo a su alrededor y cruzó rápidamente el umbral de la puerta.

Categorías: Cuentos

Shakespeare… with The Beatles.

Miércoles 31 Enero 2007 · 8 comentarios

Categorías: Teatro

PRIMER AMOR. Iván S. Turguenev.

Martes 30 Enero 2007 · 7 comentarios

Entonces, la reina oye los discursos, escucha la música, pero no mira a ninguno de los invitados. Seis ventanas están abiertas de par en par, desde el techo hasta el suelo, a través de las cuales se ve un cielo oscuro cubierto de estrellas refulgentes y el jardín con árboles grandes. La reina mira al jardín. Allí, entre los árboles, hay una fuente blanca, que se deja oír en la oscuridad de la noche. La reina oye, a través del ruido de la conversación y la música, el murmullo del agua. Mira a la fuente y piensa: todos ustedes, caballeros, sois nobles, inteligentes, ricos, estáis a mi alrededor, captáis al vuelo cada palabra mía, estáis dispuestos  a morir a mis pies, pues soy vuestra dueña… Pero ahí, al lado de la fuente, está esperándome aquel a quien yo quiero, el que es mi dueño… No lleva trajes lujosos, ni diamantes. Ni nadie lo conoce, pero me espera y sabe que iré a su encuentro y no hay fuerza en el mundo que pueda impedir que, cuando yo quiera,vaya a verlo y me quede con él en la oscuridad del jardín, bajo el murmullo de los árboles y el sonido de la fuente…

Categorías: Cuentos

Desnudando paredes (X): ADIÓS, CHUNKY RICE. Craig Thompson

Martes 30 Enero 2007 · 13 comentarios

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Categorías: Tebeos

Ternera con salsa de ostras

Lunes 29 Enero 2007 · 15 comentarios

Ingredientes para 6 personas

250 grs de solomillo de ternera 
1 cucharadita de harina de maíz mezclada con 2 cucharadas de agua
2 cebolletas
1 rodaja fina de raíz de jengibre (?!) fresca
2 dientes de ajo
4 cucharadas de aceite vegetal
25 grs de anacardos
1 cucharada de salsa de soja oscura
2 cucharadas de salsa de ostras
1 cucharadita de aceite de ajonjoli (sésamo)

Preparación:

Lave la carne, séquela y cortela en tiras de 3 ó 4 cm de largo y de unos 5 mm de grueso. Cúbrala con 1/3 de la harina de maíz disuelta.
Quite los extremos de la cebolleta y córtelas en trozos de 2 a 3 cm. Corte las partes más gruesas a la mitad. Pele y pique finamente el jengibre y el ajo.
Caliente 2 cucharadas de aceite vegetal en un wok ó sartén. Saltee la carne un momento a fuego fuerte hasta que se dore, luego sáquela del wok o sartén.
Añada al wok el aceite vegetal restante. Póngalo a fuego fuerte, y saltee rápidamente las cebolletas, el ajo y el jengibre hasta que suelten su aroma. Añada los anacardos y continue cocinandolo todo durante 1 minuto más.
Añada al wok la carne, la salsa de soja y la salsa de ostras, remuévalo y caliéntelo bien. Añada el resto de la mezcla de harina de maíz y hiérvalo hasta que espese. Coloque todo de forma atractiva en una fuente de servir y rocíelo con aceite de ajonjolí.

copiado de El Almanaque

Categorías: Tontadas

Steamboat Willie

Domingo 28 Enero 2007 · 10 comentarios

Categorías: Cartoons

Peticiones del Oyente (X): DEBRIS, RONNIE LANE (Para nuestros Paspas…)

Domingo 28 Enero 2007 · 18 comentarios

I left you on the Debris
At the Sunday morning market
You were looking through the odds and ends.
You was looking for a bargain
I heard your footsteps at the front door,
And that old familiar love song,
Cause you knew you’d find me waiting there
At the top of the stairs.
I went there and back
Just to see how far it is
And you, you tried to tell me
But I had to learn for myself.
There’s more trouble at the depot,
With the general workers union
And you said, “They’ll never change a thing.
Well, they won’t fight and their not working.”
Oh you was my hero
How you are my good friend
I’ve been there and back
And I know how far it is
But I left you on the Debris
Now we both know you got no money.
And I wonder what you would have been
Without me hanging around.

Categorías: Canciones

EVERYBODY LOVES SOMEBODY SOMETIME. Dean Martin and John Wayne.

Sábado 27 Enero 2007 · 7 comentarios

Everybody loves somebody sometime
Everybody falls in love somehow
Something in your kiss just told me
That sometime is now

Everybody finds somebody someplace
There’s no telling whre love may appear
Something in my heart keeps saying
My someplace is here

If I had it in my power
I’d arrange for every girl to have your charms
Then every minute, every hour
Everybody would find what I found in your arms

Everybody loves somebody sometime
And though my dreams were overdue
Your love made it all worth waiting
For someone like you

Categorías: Canciones

FOR ONCE IN MY LIFE. Tonny Bennett and Stevie Wonder

Sábado 27 Enero 2007 · 4 comentarios

For once in my life I’ve got someone who needs me
Someone I’ve needed so long
For once unafraid I can go where life leads me
And somehow I know I’ll be strong

For once I can touch what my heart used to dream of
Long before I knew
Someone warm like you
Could make my dreams come true

For once in my life I won’t let sorrow hurt me
Not like it’s hurt me before
For once I’ve got someone I know won’t desert me
And I’m not alone anymore

For once I can say: “This is mine you can’t take it”
As long as I’ve got love I know I can make it
For once in my life I’ve got someone who needs me

Categorías: Canciones

Sesión de tarde: Forrest Gump (1994)

Sábado 27 Enero 2007 · 2 comentarios

Categorías: Pelis

(JUST LIKE) STARTING OVER. John Lennon.

Sábado 27 Enero 2007 · 14 comentarios

Our life together is so precious together
We have grown, we have grown
Although our love is still special
Let’s take a chance and fly away somewhere alone

It’s been too long since we took the time
No-one’s to blame, I know time flies so quickly
But when I see you darling
It’s like we both are falling in love again
It’ll be just like starting over, starting over

Everyday we used to make it love
Why can’t we be making love nice and easy
It’s time to spread our wings and fly
Don’t let another day go by my love
It’ll be just like starting over, starting over

Why don’t we take off alone
Take a trip somewhere far, far away
We’ll be together all alone again
Like we used to in the early days
Well, well, well darling

It’s been too long since we took the time
No-one’s to blame, I know time flies so quickly
But when I see you darling
It’s like we both are falling in love again
It’ll be just like starting over, starting over

Our life together is so precious together
We have grown, we have grown
Although our love is still special
Let’s take a chance and fly away somewhere

Starting over

Categorías: Canciones

Ciclo Ernst Lubitsch: The Shop Around The Corner (1940)

Viernes 26 Enero 2007 · 19 comentarios

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Categorías: Pelis

LA BRIZNA DE PAJA, LA BRASA Y LA JUDÍA VERDE VAN DE VIAJE. Jacob y Wilhelm Grimm.

Jueves 25 Enero 2007 · 12 comentarios

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 Éranse una brizna de paja, una brasa y una judía verde que se unieron y quisieron hacer juntas un gran viaje. Habían recorrido ya muchas tierras cuando llegaron a un arroyo que no tenía puente y no podían cruzarlo. Al fin, la brizna de paja encontró la solución: se tendería sobre el arroyo entre las dos orillas y las otras pasarían por encima de ella, primero la brasa y luego la judía verde. La brasa empezó a cruzar despacio y a sus anchas; la judía verde la siguió a pasitos cortos. Pero cuando la brasa llegó a la mitad de la brizna de paja, ésta empezó a arder y se quemó. La brasa cayó al agua, hizo pssshhh… y se murió. A la brizna de paja, partida en dos trozos, se la llevó la corriente. La judía verde, que iba algo más atrás, se escurrió también y cayó, aunque pudo valerse un poco nadando. Al final, sin embargo, tuvo que tragar tanta agua que reventó y, en aquel estado, fue arrastrada hasta la orilla. Por suerte había allí sentado un sastre, que descansaba de su peregrinaje. Como tenía a mano aguja e hilo, la cosió y la dejó de nuevo entera. Desde entonces todas las judías verdes tienen una hebra.

 Ilustración de Helga Gebert

Categorías: Cuentos

Un calendario

Miércoles 24 Enero 2007 · 10 comentarios

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Categorías: Pelis