…en la valla…

Peticiones del Oyente (XI): STUMBLIN’ IN. Suzi Quatro & Chris Norman.

Domingo 4 Febrero 2007 · 51 comentarios

Our love is alive and so we begin
foolishly layin’ our hearts on the table, stumblin’ in
Our love is a flame burnin’ within
now and then fire light will catch us stumblin’ in.

Wherever you go, whatever you do
you know these reckless thoughts of mine are followin’ you
I’ve fallen for you, whatever you do
’cause baby you’ve shown me so many things that I never knew.

Whatever it takes, baby, I’ll do it for you

Our love is alive and so we begin
foolishly layin’ our hearts on the table, stumblin’ in
Our love is a flame burnin’ within
now and then fire light will catch us stumblin’ in.

You were so young and I was so free
I may have been young but baby, that’s not what I wanted to be
well you were the one, oh why was it me?
’cause baby you’ve shown me so many things that I’d never seen.

Whatever you need, baby, you got it from me

Our love is alive and so we begin
foolishly layin’ our hearts on the table, stumblin’ in
Our love is a flame burnin’ within
now and then fire light will catch us stumblin’ in.

Categorías: Canciones

The Opry House (1929)

Domingo 4 Febrero 2007 · 9 comentarios

Categorías: Cartoons

EL ANCIANO ABUELO Y EL NIETO. Jacob y Wilhelm Grimm

Domingo 4 Febrero 2007 · 9 comentarios

Erase una vez un anciano que apenas podía andar, le temblaban las rodillas, no oía ni veía mucho y tampoco tenía ya dientes. Cuando estaba sentado a la mesa apenas lograba sostener la cuchara, y derramaba la sopa encima del mantel y también se le caía siempre algo de la boca.
A su hijo y a la mujer de éste aquello les daba asco y, finalmente, el anciano abuelo tuvo que sentarse en un rincón detrás del fogón.
Le daban la comida en una escudilla de barro y, además, ni siquiera le daban lo suficiente para saciar el hambre. Entonces él miraba triste hacia la mesa y se le humedecían los ojos.
Una vez, incluso, sus temblorosas manos no pudieron sostener la escudilla y ésta cayó al suelo y se hizo pedazos.
La joven mujer le reprendió, pero él no dijo nada y sólo suspiró. Por un par de cuartos, le compraron una escudilla de madera, y en ella tuvo que comer a partir de entonces.
Y mientras están allí sentados, el pequeño nieto de cuatro años reúne en el suelo pequeñas tablitas.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunta el padre.
—Hago un comedero —contesta el niño— para que padre y madre coman en él cuando yo sea mayor.
Entonces el marido y la mujer se miraron durante un rato y finalmente se echaron a llorar, sentaron de inmediato a la mesa al anciano abuelo y desde entonces le dejaron comer siempre con ellos, sin decirle nada cuando derramaba un poco la sopa.

Categorías: Cuentos