PRÓLOGO
PEPITA: (Avanzando) El frac, Oshidori
OSHIDORI: Gracias, marquesa (Se lo pone) ¿Y el señor?
PEPITA: Duerme.
OSHIDORI: ¿A qué hora vino anoche, marquesa?
PEPITA: A las doce.
OSHIDORI: ¿Solo?
PEPITA: Acompañado. Y a la una volvió a marcharse.
OSHIDORI: ¿Solo?
PEPITA: Solo. Y a las cinco regresó de nuevo oliendo a whisky.
OSHIDORI: ¿Solo?
PEPITA: Con soda.
OSHIDORI: No me refería al whisky, sino al señor, marquesa. (Calculando) Pues cinco y diez son quince … (Consultando su reloj) Ahora son las dos, que son las catorce … (Resumiendo y guardándose el reloj) Marquesa, prepare el desayuno del señor para las quince, que son las tres.
PEPITA: Muy bien (Se va por el foro. Suena el teléfono)
OSHIDORI: (Descolgando el auricular) ¡Diga! ¡Ah! (Amabilísimo) Señora condesa … Oshidori, para servir a la señora condesa. Efectivamente: el señor duerme todavía … Muy bien. Así mismo se lo comunicaré al señor, señora condesa. (Cuelga) Y ahora a despachar a la conquista de anoche. (Acercándose a la puerta del primero izquierda) Debe de estar aquí. (Llamando con los nudillos) Señora … ¡Señora! …
ELENA: (Dentro) ¿Quién llama?
OSHIDORI: Aquí está. (Hace jugar la llave y aguarda a pie firme junto a la puerta. Inclinándose.) Señora …
(Ahora Elena se viste con un pijama frívolo y se reviste con una actitud profundamente grave. Avanza y se detiene un instante junto al fonógrafo.)
ELENA: ¡El fonógrafo! ¡El maldito fonógrafo (da dos pasos más y se encara con Oshidori) ¿Quién es usted?
OSHIDORI: Soy Oshidori, el criado del señor.
ELENA: ¡Ah! Es usted el criado de Sergio?
OSHIDORI: Si señora … Pero no lo parezco, ¿verdad, señora?
ELENA: No. No lo parece usted.
OSHIDORI: Todo el mundo me lo dice.
ELENA: ¿Y cómo no le ví a usted anoche cuando yo vine?
OSHIDORI: Porque ayer me despedí después de vestir al señor para la tarde; era sábado y yo, como buen español, hago semana inglesa.
ELENA: Entonces, ¿quizá no puede usted decirme dónde está ahora Sergio?
OSHIDORI: (Rápidamente) El señor no está en casa, señora.
ELENA: ¿Que no está en casa? Tengo la certidumbre de que está … (Va hacia el foro y mira en la alcoba por uno de los extremos del tapiz) !Ya lo creo que está! (Despreciativa) ¡Y durmiendo! (Indignada) ¿Por qué ha mentido? ¿Por qué ha dicho que no estaba en casa?
OSHIDORI: (Recurriendo a toda su habilidad) Señora, cuando un hombre duerme teniendo en la habitación de al lado una mujer como la señora, lo mejor que se puede decir de él es que no está en casa …
ELENA: Tiene usted razón. (Mirándole con curiosidad) Y lo ha dicho usted muy bien: con una frase muy intencionada …
OSHIDORI: (Rectificando modestamente) La frase no es mía.
ELENA: Pues, ¿de quién es?
OSHIDORI: Del señor.
ELENA: Eso hará Sergio: ¡frases!
OSHIDORI: Y no es poco, señora [...] Y el mundo se creó con la frase “hágase la luz”
ELENA: (Sonriendo) Eso me ha hecho gracia …
OSHIDORI: Pues también es del señor.
ELENA: (Poniéndose seria) Lo siento. Pero, en cambio, me alegra observar que tiene usted un aire respetable, Oshidori. Y le voy a comunicar un secreto …
OSHIDORI: La señora me distingue mucho.
ELENA: El secreto es éste: Oshidori, su amo es un canalla (Después de una pausa) ¿Qué dice usted?
OSHIDORI: Que en ocho años mil cuatrocientas señoras me han comunicado el mismo secreto que la señora.
ELENA: ¿Mil cuatrocientas señoras? ¿Y en ocho años?
OSHIDORI: A ciento setenta y cinco señoras un año con otro. Lo he calculado varias veces.
ELENA: Entonces, ¿qué clase de hombre es éste?
OSHIDORI: Un don Juan, señora. Un don Juan que se llama Sergio. Un Barba azul al que yo afeito la barba dos veces al día.
ELENA: Luego, ¿su fama? …
OSHIDORI: Cierta.
ELENA: ¿Y lo de que no ha habido una mujer que se le resista?
OSHIDORI: Absolutamente verdad, señora.
ELENA: ¿Y eso de que que jamás se ha enamorado de ninguna?
OSHIDORI: Completamente exacto.
ELENA: !Estúpida de mi¡ Y yo que pensé que lo que se contaba era exagerado. (Transición. Confidencial) Pero imagínese, Oshidori, que después de muchos meses de pensar en él me lo encontré de pronto ayer tarde en Sakuska.
OSHIDORI: Va mucho.
ELENA: Eran las siete. Caía la tarde. Todavía brillaban al sol algunas azoteas y el cielo se había teñido de morado. ¿se lo imagina?
OSHIDORI: Si, señora.
ELENA: Me parece que no se lo imagina, Oshidori.
OSHIDORI: Si, señora, si. Me lo imagino como si lo estuviera viendo. No obstante cerraré los ojos, para imaginármelo mejor. (Cierra los ojos) Me imagino a la señora en Sakuska sentada en una mesa de la derecha …
ELENA: ¡No! De la izquierda.
OSHIDORI: Eso es; de la izquierda. A veces falla la imaginación.
ELENA: Anochecía… A mí el crepúsculo me pone muy triste…
OSHIDORI: A mí también, señora. Y se explica. Al fin y al cabo, el crepúsculo es un fracaso diario de la Naturaleza.
ELENA: (Admirada) ¡Qué bonito, Oshidori!
OSHIDORI: (Siempre modesto) Es una frase del señor.
ELENA: ¡Vaya por Dios! Pues estaba yo triste, triste … y sentía ganas de … no sabía de qué …
OSHIDORI: Quizá de llorar.
ELENA: ¡Eso! De llorar. Cuando, de pronto, se detuvo a la puerta un auto …
OSHIDORI: Packard.
ELENA: Y de él bajó un hombre …
OSHIDORI: El señor.
ELENA: No. Primero bajó el chófer …
OSHIDORI: Indalecio.
ELENA: Después bajó Sergio y entró en Sakuska. Entró erguido, fascinador, dominándolo todo con la mirada, levantando a su paso una nube de cuchicheos femenínos, elegantísimo, vistiendo un traje …
OSHIDORI: … azul con rayitas blancas.
ELENA: SÍ. ¿Cómo sabe?
OSHIDORI: Se lo había puesto yo.
ELENA: ¡Es verdad! Ya no me acordaba. Y en el ojal de la solapa lucía …
OSHIDORI: … una dalia. Los sábados por la tarde le toca dalias …
ELENA: Una dalia, justamente. Entró, se fijó en mí, me invitó y merendamos juntos …
OSHIDORI: …sin que la señora pudiera precisar lo que tomaron.
ELENA: ¡Eso es! Pero, ¿cómo lo adivina usted todo?
OSHIDORI: Ocho años al servicio del señor … Mil cuatrocientos “casos” observados … ¿y después?
ELENA: Después paseamos por el campo. Hablamos del alma. Me dijo que estaba muy solo …
OSHIDORI: Eso suele decir cuando está junto a una mujer.
ELENA: Me recitó versos de Byron.
OSHIDORI: ¿Y de Lamartine?
ELENA: ¡También! Calle usted … ¿qué fue lo que me recitó de Lamartine?
OSHIDORI: “El lago”
ELENA: ¡”El lago”, si!
OSHIDORI: Siempre recita “El lago”. Lo único que sabe de Lamartine es “El lago” y que le gustaban mucho las alcachofas.
ELENA: Tengo entendido que lo que le gustaban a Lamartine eran los espárragos.
OSHIDORI: Precisamente; pero al señor se le han metido en la cabeza las alcachofas. ¿Y luego, señora?
ELENA: Luego comimos en un reservadito de cierto restaurante campestre. Me contó cosas de su vida … Porque ha debido de viajar mucho, ¿verdad?
OSHIDORI: Tanto como un maletín roto.
ELENA: Y después …, ya a media noche, me trajo aquí. Yo perdí el sentido por completo, Oshidori … Y ocurrió …, Pero usted también se imaginará lo que suele ocurrir cuando una mujer enamorada pierde el …
OSHIDORI: (Cortándola) Eso se lo imagina cualquiera.
ELENA: Sin embargo, aún no he podido explicarme qué fue lo que me hizo llegar a todo aquello …
OSHIDORI: A lo mejor, una sola frase.
ELENA: Una sola frase, es verdad. Ahora veo claro que me sentí subyugada cuando mirándome fijamente en el campo, me dijo …
OSHIDORI: …la dijo “Usted tiene ojos de mujer fatal”.
ELENA: ¡Justo! ¡Justo! ¿Es que se lo ha dicho a varias?
OSHIDORI: La frase Usted tiene ojos de mujer fatal es la que utiliza el señor para rendir a las señoras.
ELENA: ¡Pero es indignante que conmigo utilizara el recurso que utilizó con las demás!
OSHIDORI: Eso mismo me dijeron las demás.
(Suena el teléfono, coge, y vuelve a colgar. Aparece Pepita)
OSHIDORI: No se preocupe, marquesa. Ya me he hecho cargo yo. Puede retirarse
ELENA: ¿Por qué llama marquesa a la doncella?
OSHIDORI: Porque lo es.
ELENA: ¿Qué dice usted?
OSHIDORI: Si, señora; la marquesa del Robledal. Quizá es conveniente que sepa la señora que toda la servidumbre de la casa está formada por antiguas amadas del señor …
ELENA: ¡No es posible!
OSHIDORI: Si, señora, si. Son corazones románticos que, al terminar con el señor, suplicaron plazas en la servidumbre para poder verle diariamente, ya que no les era posible otra cosa.
ELENA: ¡Pero es absurdo!
OSHIDORI: Lo cierto es siempre absurdo, señora, y amar quiere decir esclavitud. Realmente es una servidumbre para enorgullecer a cualquiera. Las hay de todos los gustos. Al frente de la cocina está nada menos que Nita Numi, la famosa bailarina húngara única en el mundo que ha bailado el “Ave Maria ” de Gounod, …
ELENA: ¡Si que es extraordinario!
OSHIDORI: Y el chófer…
ELENA: (Alarmada) ¿El chófer también, Oshidori?
OSHIDORI: Déjeme acabar la señora. El chófer vino expresamente de Buenos Aires por curiosidad de conocer al señor para descubrir el secreto de su éxito con las mujeres. Como el señor no tenía tiempo de atenderle, se quedó de chófer, para observar. Es Indalecio Cruz, el autor de tangos de fama mundial.
ELENA: ¿Y ha conseguido descubrir el secreto del éxito de Sergio?
OSHIDORI: Todavía no. A mi juicio, el éxito del señor con las mujeres obedece a que no les hace ningún caso.
ELENA: Eso explica lo ocurrido conmigo, porque aún no le he dicho, Oshidori, que anoche, cuando volví a recobrar el sentido, me dijo que le esperase en esa habitación. (el primero izquierda) Y en cuanto entré, él mismo fue el que me encerró con llave. Y así que empecé a protestar y a llamar …
OSHIDORI: … el señor puso en marcha el fonógrafo y colocó un disco de “La Marsellesa”.
ELENA: Exactamente. ¿Tambíen eso lo ha hecho con varias?
OSHIDORI: Si, señora. Y a las que gritan demasiado les pone el “Himno de Riego” cantado por un orfeón vasco.
ELENA: Pero el fonógrafo sonó hasta la madrugada …
OSHIDORI: Es eléctrico y tiene un dispositivo gracias al cual cuando concluye un disco comienza de nuevo.
ELENA: ¡Un encanto! ¿De suerte que su primera obligación por las mañanas es comprobar si hay víctimas cautivas?
OSHIDORI: Si. Y en el caso de que las haya, despedirlas.
ELENA: ¿Cómo?
OSHIDORI: Los procedimienrtos varían.
ELENA: ¿Y cúal es el más eficaz?
OSHIDORI: El que estoy empleando con la señora
ELENA: (Escandalizada de su cinismo) ¿Pero, Oshidori!
OSHIDORI: Yo aconsejo a las señoras que se marchen. Ellas se echan a llorar y se desmayan. Yo recurro al éter y las vuelvo en sí, y entonces ellas se van muy tristes, retocándose los ojos con el lápiz.
ELENA: ¿Y por qué a mi no me aconseja que me marche, Oshidori?
OSHIDORI: Perdón; es que me he distraído hablando. Le aconsejo a la señora que se marche.
ELENA: (Levántandose con esfuerzo) Si … Y ya me hubiera ido antes si estuviera convencida de que sólo he sido para Sergio una más …
OSHIDORI: Eso es fácil, señora, porque el señor apunta todas sus conquistas. Don Juan las apuntaba también.
ELENA: ¿Que las apunta? ¿Dónde?
OSHIDORI: En estos cuatro libros (Señala a la biblioteca) Y por orden alfabético.
ELENA: ¿De apellidos o de nombres?
OSHIDORI: De nombres. Los héroes, las enamoradas y los planetas no tienen apellido (Inclinándose, como siempre) Es una frase del señor.
ELENA: Lo sospechaba.
OSHIDORI: Si la señora ha sido “una más” para el señor, la señora estará apuntada aquí con las restantes …
ELENA: ¿Y si aún no le hubiera dado tiempo de apuntarme, Oshidori?
OSHIDORI: ¡Por Dios! Con el ruido del último cañonazo se escriben ya las batallas en la Historia … (Inclinándose) es una frase …
ELENA: … del señor.
OSHIDORI: No señora; esta es de Napoleón Bonaparte. (Yendo hacia la biblioteca) ¿El nombre de la señora?
ELENA: Elena.
OSHIDORI: Tomo primero (Coge uno de los tomos, pero al ir a abrirlo se lo arrebata Elena)
ELENA: ¡Por favor! Lo veré yo misma … (Vuelve al sillón con el libro; lo hojea ansiosamente. Oshidori ha cogido otro tomo y lo hojea a su vez junto a la biblioteca. Hay un silencio profundo. De pronto, Elena levanta la cabeza radiante) ¡No estoy! Eso quiere decir … (levantándose) ¡Llámele, Oshidori! ¡Despiértele! (Con brusca decisión, yendo hacia el foro) ¡Le despertaré yo! Quiero que …
OSHIDORI: (Deteniéndola con el gesto) Perdón … Siento darle ese disgusto a la señora, pero acabo de ver que la señora está incluida en el tomo segundo …
ELENA: (Paralizada) ¿Eh? Me llamo Elena … Tenía que estar en el tomo primero, letra E, ¡y no estoy!
OSHIDORI: Si, señora. Pero es que el señor escribe Elena con hache … Es lo clásico.
ELENA: (Sintiéndo derrumbarse todo a su alrededor)¡Oshidori!
OSHIDORI: La señora aparece aquí bien claramente (leyendo en su tomo) “Número 1401. Helena. Conocida en Sakuska el 10 de junio. Una merienda, un paseo, una comida en el campo. Eligió pijama a rayas. Ella sabía quién era yo y todo me fue fácil.”
ELENA: Todo le fue fácil, pero es que yo no sabía quién era él …
OSHIDORI: “Lloró con “El lago” de Lamartine”
ELENA: Eso es mentira, pero pudo ser verdad.
OSHIDORI: “Perdió la cabeza cuando le dije lo de los ojos”
ELENA: Eso es verdad y ahora me parece mentira.
OSHIDORI: “Bonita. Rubia. Joven”
ELENA: Todo exacto.
OSHIDORI: “Romántica, tirando a cursi …”(después de leerlo se arrepiente de haberlo leído.)
ELENA: ¿Eh? ¿Qué dice?
OSHIDORI: Nada, no dice nada …
ELENA: Déjeme … Necesito convencerme por mí misma. (leyendo en el tomo) “Romántica, tirando a cursi. Empalagosa. Irresistible …” (Se separa de Oshidori y va hacia el sillón lentamente.) “Romántica, tirando a cursi. Empalagosa.” (dejándose caer en el sillón) Irresistible … Me ha encontrado irresistible … (Apoya su codo en el sillón y oculta su rostro con la mano. Hay una pausa. Oshidori contempla a Elena, y por fin saca un pañuelo y un frasquito del bolsillo y vierte en el pañuelo el contenido del frasquito. En aquel momento Elena se rehace y alza la cabeza) ¿Qué hace usted, Oshidori? ¿Qué es eso?
OSHIDORI: El frasco del éter, señora. Tomo mis precauciones para cuando la señora se desmaye …
ELENA: (Moviendo la cabeza tristemente) Esta vez no hay desmayo, Oshidori. Desmayarse significa nervios, voluntad contrariada, corazón, sentimientos … y todo eso, Oshidori, acaba de quedar muerto dentro de mí. ¿No lo cree? También soy para usted una cursi …
OSHIDORI: ¡Oh, no señora! Ni mucho menos!
ELENA: Entonces, para usted, ¿yo qué soy, Oshidori?
OSHIDORI: Hasta hace un momento una verdadera enamorada, y desde que la señora ha leído … lo que ha leído, una mujer dispuesta a la desesperación.
ELENA: “¡Cuánta clarividencia!” ¡Qué conocimiento del alma!
OSHIDORI: Si, señora.
ELENA: Y ahora me marcho (Levantándose) Voy a vestirme.
OSHIDORI: Avisaré a la doncella. (a Pepita que acaba de entrar) Póngase a las órdenes de la señora.
ELENA: Esta usted en todo (volviéndose y viendo a Pepita. Respetuosamente) ¡Ah! La marquesa …
PEPITA: (Indicandole a Elena el primero izquierda) Pase la señora …
ELENA: ¿Yo primero? No, no … Usted delante, marquesa, usted delante … (obliga a hacer mutis a Pepita y se va ella detrás)
OSHIDORI: (Viéndola ir) ¡Pobrecilla! Siendo la única que no se ha desmayado, es la única que me ha dado lástima …
TELON


2 respuestas hasta el momento ↓
¡Al teatro, al teatro! « Afilador… y paragüero // Miércoles 12 Diciembre 2007 a 2:27 am
[...] Si queréis, podéis leer la segunda escena de la obraaquí. [...]
Afilador // Miércoles 12 Diciembre 2007 a 2:42 am
La vi el miércoles pasado, absolutamente desternillante.
La mejor actuación, la de Fabio León como Oshidori, sin duda. También es muy buena la de Andrea Bronston como Francisca Montánchez, la “histérica de la mancha”.
Un saludo.