Entradas de Marzo 2008
OBCECACIÓN. Pere Calders.
Lunes 31 Marzo 2008 · Dejar un comentario
Entre ir al cielo o quedarse en casa, prefirió lo último, pese al poder de la propaganda contraria, y del hecho de que en su casa había goteras y muchas y muy variadas privaciones.
Categorías: Cuentos
SONETO DE FIDELIDADE. Vinicius de Moraes.
Viernes 28 Marzo 2008 · Dejar un comentario
De tudo ao meu amor serei atento
Antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
Que mesmo em face do maior encanto
Dele se encante mais meu pensamento.
Quero vivê-lo em cada vão momento
E em seu louvor hei de espalhar meu canto
E rir meu riso e derramar meu pranto
Ao seu pesar ou seu contentamento
E assim, quando mais tarde me procure
Quem sabe a morte, angústia de quem vive
Quem sabe a solidão, fim de quem ama
Eu possa me dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.
Categorías: Rimas
EL PADRE DE BLANCANIEVES. Belén Gopegui.
Viernes 28 Marzo 2008 · 6 comentarios
Vivieron un primer mes imprudente, febril y sin preguntas. Era verano, la niña estaba en la playa con la abuela y los primos. En Madrid, Goyo y Eloísa dormían todas las noches juntos. Después se fueron a una pequeña casa que unos amigos de Goyo tenían en un pueblo de Almería y les prestaban. Cuando aparecieron las preguntas Goyo se encargó de sacarlas fuera por los dos, como en un video-juego donde hay que conseguir que las figuras atraviesen la línea sin que ningún elemento las golpee. El arma defensiva de Goyo era también una pregunta: ¿por qué no?, ¿por qué no?, ¿por qué no? En todas las posturas, en silencio muchas veces, escribiéndole papelitos, con sus brazos y sus piernas rodeándola, Goyo la repetía.
Así pasó el segundo mes, sesenta días, ¿por qué no? Eloísa se dejaba hacer y al mismo tiempo se entregaba. Estaba feliz pero no podía quitarse de la cabeza una sensación intensa, rabiosamente melancólica, de último día, de último verano adolescente. Depositada muy al fondo de su pensamiento, la sensación no interfería en los actos cotidianos aunque a veces asomase mientras hablaba por teléfono con Vera o al oír cosas como «Madrid», «el año que viene». Por ello, si bien después Goyo se había referido varias veces a aquellos ochenta y tres días con sus noches, Eloísa pensaba que el tiempo de ambos estaba empezando ahora.
Categorías: Cuentos
EL ÁLBUM. Antón Chéjov.
Miércoles 26 Marzo 2008 · 6 comentarios
El consejero administrativo Craterov, delgado y seco como la flecha del Almirantazgo, avanzó algunos pasos y, dirigiéndose a Serlavis, le dijo:
- Excelencia: Constantemente alentados y conmovidos hasta el fondo del corazón por vuestra gran autoridad y paternal solicitud…
- Durante más de diez años -le sopló Zacoucine.
- Durante más de diez años… ¡Hum!… en este día memorable, nosotros, vuestros subordinados, ofrecemos a su excelencia, como prueba de respeto y de profunda gratitud, este álbum con nuestros retratos, haciendo votos porque vuestra noble vida se prolongue muchos años y que por largo tiempo aún, hasta la hora de la muerte, nos honréis con…
- Vuestras paternales enseñanzas en el camino de la verdad y del progreso -añadió Zacoucine, enjugándose las gotas de sudor que de pronto le habían invadido la frente-. Se veía que ardía en deseos de tomar la palabra para colocar el discurso que seguramente traía preparado.
- Y que -concluyó- vuestro estandarte siga flotando mucho tiempo aún en la carrera del genio, del trabajo y de la conciencia social.
Por la mejilla izquierda de Serlavis, llena de arrugas, se deslizó una lágrima.
- Señores -dijo con voz temblorosa-, no esperaba yo esto, no podía imaginar que celebraseis mi modesto jubileo. Estoy emocionado, profundamente emocionado y conservaré el recuerdo de estos instantes hasta la muerte. Creedme, amigos míos, os aseguro que nadie os desea como yo tantas felicidades… Si alguna vez ha habido pequeñas dificultades… ha sido siempre en bien de todos vosotros…
Serlavis, actual consejero de Estado, dio un abrazo a Craterov, consejero de estado administrativo, que no esperaba semejante honor y que palideció de satisfacción. Luego, con el rostro bañado en lágrimas como si le hubiesen arrebatado el precioso álbum en vez de ofrecérselo, hizo un gesto con la mano para indicar que la emoción le impedía hablar. Después, calmándose un poco, dijo unas cuantas palabras más, muy afectuosas, estrechó a todos la mano y, en medio del entusiasmo y de sonoras aclamaciones, se instaló en su coche abrumado de bendiciones. Durante el trayecto sintió su pecho invadido de un júbilo desconocido hasta entonces y de nuevo se le saltaron las lágrimas.
En su casa le esperaban nuevas satisfacciones. Su familia, sus amigos y conocidos, le hicieron tal ovación que hubo un momento en que creyó sinceramente haber efectuado grandes servicios a la patria y que hubiese sido una gran desgracia para ella que él no hubiese existido. Durante la comida del jubileo no cesaron los brindis, los discursos, los abrazos y las lágrimas. En fin, que Serlavis no esperaba que sus méritos fuesen premiados tan calurosamente.
- Señores -dijo en el momento de los postres-, hace dos horas he sido indemnizado por todos los sufrimientos que esperan al hombre que se ha puesto al servicio, no ya de la forma ni de la letra, si se me permite expresarlo así, sino del deber. Durante toda mi carrera he sido siempre fiel al principio de que no es el público el que se ha hecho para nosotros, sino nosotros los que estamos hechos para él. Y hoy he recibido la más alta recompensa. Mis subordinados me han ofrecido este álbum que me ha llenado de emoción. Todos los rostros se inclinaron sobre el álbum para verlo.
-¡Qué bonito es! -dijo Olga, la hija de Serlavis-. Estoy segura de que no cuesta menos de cincuenta rublos. ¡Oh, es magnífico! ¿Me lo das, papá? Tendré mucho cuidado con él… ¡Es tan bonito!
Después de la comida, Olga se llevó el álbum a su habitación y lo guardó en su secreter. Al día siguiente arrancó los retratos de los funcionarios tirándolos al suelo y colocó en su lugar los de sus compañeras de pensión. Los uniformes cedieron el sitio a las esclavinas blancas. Colás, el hijo pequeño de su excelencia, recortó los retratos de los funcionarios y pintó sus trajes de rojo. Colocó bigotes en los labios afeitados y barbas oscuras en los mentones imberbes. Cuando no tuvo más que colorear recortó siluetas y les atravesó los ojos con una aguja, para jugar con ellas a los soldados. Al consejero Craterov lo pegó de pie en una caja de cerillas y lo llevó colocado así al despacho de su padre.
-Papá, mira un monumento.
Serlavis se echó a reír, movió la cabeza y, enternecido, dio un sonoro beso en la mejilla a Nicolás.
-Anda, pilluelo, enséñaselo a mamá para que lo vea ella también.
Categorías: Cuentos
EL REY LEAR. William Shakespeare.
Domingo 23 Marzo 2008 · 3 comentarios
LEAR
- Mientras, voy a revelar mi propósito secreto.
Dadme ese mapa. Sabed que he dividido
en tres mi reino y que es mi firme decisión
liberar mi vejez de tareas y cuidados,
asignándolos a sangre más joven, mientras yo,
descargado, camino hacia la muerte.
Mi yerno de Cornwall y tú, mi no menos querido
yerno de Albany, es mi voluntad en esta hora
hacer pública la dote de mis hijas
para evitar futuras disensiones. Los príncipes
de Francia y de Borgoña, rivales pretendientes
de mi hija menor, hacen amorosa permanencia
en esta corte y es forzoso responderles.
Decidme, hijas mías, puesto que renuncio
a poder, posesión de territorios
y cuidados de gobierno, cuál de vosotras
diré que me ama más, para que mi largueza
se prodigue con aquélla cuyo afecto
rivalice con sus méritos. Goneril,
mi primogénita, habla tú primero.
GONERIL
- Señor, os amo más de lo que expresan las palabras,
más que a vista, espacio y libertad,
mucho más de lo que estimen único o valioso;
no menos que a una vida de dicha, salud,
belleza y honra; tanto como nunca
amara hijo o fuese amado padre;
con un amor que apaga la voz y ahoga el habla.
Mucho más que todo esto os amo yo.
CORDELIA [aparte]
- ¿Qué dirá Cordelia? Amará en silencio.
LEAR
- De todas estas tierras, desde esta raya a ésta,
ricas en umbrosas florestas y campiñas,
ríos caudalosos y muy extensos prados,
te proclamo dueña. Sean de los descendientes
tuyos y de Albany a perpetuidad.—
¿Qué dice mi segunda hija,
mi muy querida Regan, esposa de Cornwall?
REGAN
- Yo soy del mismo metal que mi hermana
y no me tengo en menos: en el fondo de mi alma
veo que ha expresado la medida de mi amor.
Pero se ha quedado corta, pues yo me declaro
enemiga de cualquier otro deleite
que alcancen los sentidos en su extrema
perfección y tan sólo me siento venturosa
en el amor de vuestra amada majestad.
CORDELIA [aparte]
- Entonces, ¡pobre Cordelia!
Aunque no, pues sin duda mi cariño
pesará más que mi lengua.
LEAR
- Quede para ti y los tuyos en herencia perpetua
este magno tercio de mi hermoso reino,
tan grande, rico y placentero
como el otorgado a Goneril. —Y ahora, mi bien,
aunque última y menor, cuyo amor juvenil
las viñas de Francia y los pastos de Borgoña
pretenden a porfía, ¿qué dirás por un tercio
aún más opulento que el de tus hermanas? Habla.
CORDELIA
- Nada, señor.
LEAR
- ¿Nada?
CORDELIA
- Nada.
LEAR
- De nada no sale nada. Habla otra vez.
CORDELIA
- Triste de mí, que no sé poner
el corazón en los labios. Amo a vuestra majestad
según mi obligación, ni más ni menos.
LEAR
- Vamos, vamos, Cordelia. Corrige tus palabras,
no sea que malogres tu suerte.
CORDELIA
- Mi buen señor, me habéis dado vida,
crianza y cariño. Yo os correspondo como debo:
os obedezco, os quiero y os honro de verdad.
¿Por qué tienen marido mis hermanas,
si os aman sólo a vos? Cuando me case,
el hombre que reciba mi promesa
tendrá la mitad de mi cariño, la mitad
de mi obediencia y mis desvelos. Seguro
que no me casaré como mis hermanas.
LEAR
- Pero, ¿hablas con el corazón?
CORDELIA
- Sí, mi señor.
LEAR
- ¿Tan joven y tan áspera?
CORDELIA
- Tan joven, señor, y tan franca.
LEAR
- Muy bien. Tu franqueza sea tu dote,
pues, por el sacro resplandor del sol,
por los ritos de Hécate y la noche
y toda la influencia de los astros
que rigen nuestra vida y nuestra muerte,
reniego de cariño paternal,
parentesco y consanguinidad,
y desde ahora te juzgo una extraña
a mi ser y mi sentir. El bárbaro escita,
o aquél que sacia el hambre devorando
a su progenie, hallará en mi corazón
tanta concordia, lástima y consuelo
como tú, hija mía que fuiste.
Categorías: Teatro
Los falsificadores
Sábado 22 Marzo 2008 · Dejar un comentario
La vida es un asco, tediosa y sin sentido.
Es una bonita pose para nuestras barrigas repletas y nuestros culos perezosos y acomodados. Pero a la hora de la verdad, y aunque sea una perogrullada, nadie quiere morir; ni siquiera enfermar o sentir dolor. Todos luchamos por sobrevivir. Aún en las peores condiciones. Aunque tengamos que tracionar nuestros principìos (que están muy bien para hablar de ellos al calor del hogar, tomando una copa con los colegas). A pesar de que nuestras familias estén muriendo al otro lado de la pared (egoistas que somos; perdón, quise decir individualistas).
Pro, a veces, en eso consiste la heroicidad: en sobrevivir.
Categorías: Pelis
HABÍAMOS GANADO LA GUERRA. Esther Tusquets.
Sábado 22 Marzo 2008 · Dejar un comentario
Habíamos ganado la guerra. Hace unos días oí comentar que la guerra civil española la habíamos perdido todos. No es verdad. Cierto que, tras una contienda que dejaba el país en ruinas y había ocasionado un millón de muertos, tenía que haber forzosamente motivos de duelo en ambos bandos. Pero unos la habían perdido y otros la habían ganado. Los que la ganaron lo sabían bien, y los que la perdieron debían de empezar a calibrar, supongo, la magnitud de la catástrofe. Y yo, con mis tres añitos, pertenecía al bando de los vencedores[...].
Muchos años más tarde, papá —cosa extraña en él, porque solía ser ecuánime y sensato— me comentaría en una carta que, después de nuestra guerra, se había enfrentado a una situación durísima y se había visto obligado a partir de cero. Tal vez sí, pero la situación durísima incluía un piso de más de doscientos metros cuadrados en Rambla de Cataluña, dos chicas fijas de servicio, más otra que venía a repasar la ropa, coche, casita de veraneo en la costa, abono en el Liceo, salidas a esquiar, colegio extranjero y de pago para los niños, más una Fräulein que venía a enseñarme alemán y una señorita que se ocupaba de nosotros los domingos. Era una miseria bastante relativa y tolerable, sobre todo en una Cataluña y una España donde mucha gente pasaba auténtica hambre[...].
Pero volvamos a la casa oscura y a lo sola que me sentí allí al terminar la guerra, a pesar de que siempre hubiera alguien, de la tertulia constante en el cuarto de costura, de que papá, que por las mañanas trabajaba en el hospital, tuviera por las tardes la consulta en casa, y de que mamá se pasara horas y horas leyendo en la sala y me llevara a menudo con ella si salía de compras, o a la modista, o al sastre, o a la peluquería, por las mañanas. La tragedia era que sí salía fijo, y desde luego sin mí, todas las tardes, y yo le daba un beso de despedida en el recibidor, ya con las lágrimas rodándome por las mejillas, y me quedaba largo rato sentada allí, debajo de la fotografía de Franco, llorando sin ruido. Aprendí ya entonces que la soledad no consistía siempre en no tener a nadie al lado: mi soledad consistía puramente en estar sin mamá, la soledad consiste simplemente en la ausencia de la persona amada.
Categorías: Cuentos








