…en la valla…

Los falsificadores

Sábado 22 Marzo 2008 · Dejar un comentario

La vida es un asco, tediosa y sin sentido.
Es una bonita pose para nuestras barrigas repletas y nuestros culos perezosos y acomodados. Pero a la hora de la verdad, y aunque sea una perogrullada, nadie quiere morir; ni siquiera enfermar o sentir dolor. Todos luchamos por sobrevivir. Aún en las peores condiciones. Aunque tengamos que tracionar nuestros principìos (que están muy bien para hablar de ellos al calor del hogar, tomando una copa con los colegas). A pesar de que nuestras familias estén muriendo al otro lado de la pared (egoistas que somos; perdón, quise decir individualistas).
Pro, a veces, en eso consiste la heroicidad: en sobrevivir.

Categorías: Pelis

HABÍAMOS GANADO LA GUERRA. Esther Tusquets.

Sábado 22 Marzo 2008 · Dejar un comentario

Habíamos ganado la guerra. Hace unos días oí comentar que la guerra civil española la habíamos perdido todos. No es verdad. Cierto que, tras una contienda que dejaba el país en ruinas y había ocasionado un millón de muertos, tenía que haber forzosamente motivos de duelo en ambos bandos. Pero unos la habían perdido y otros la habían ganado. Los que la ganaron lo sabían bien, y los que la perdieron debían de empezar a calibrar, supongo, la magnitud de la catástrofe. Y yo, con mis tres añitos, pertenecía al bando de los vencedores[...].

Muchos años más tarde, papá —cosa extraña en él, porque solía ser ecuánime y sensato— me comentaría en una carta que, después de nuestra guerra, se había enfrentado a una situación durísima y se había visto obligado a partir de cero. Tal vez sí, pero la situación durísima incluía un piso de más de doscientos metros cuadrados en Rambla de Cataluña, dos chicas fijas de servicio, más otra que venía a repasar la ropa, coche, casita de veraneo en la costa, abono en el Liceo, salidas a esquiar, colegio extranjero y de pago para los niños, más una Fräulein que venía a enseñarme alemán y una señorita que se ocupaba de nosotros los domingos. Era una miseria bastante relativa y tolerable, sobre todo en una Cataluña y una España donde mucha gente pasaba auténtica hambre[...].

Pero volvamos a la casa oscura y a lo sola que me sentí allí al terminar la guerra, a pesar de que siempre hubiera alguien, de la tertulia constante en el cuarto de costura, de que papá, que por las mañanas trabajaba en el hospital, tuviera por las tardes la consulta en casa, y de que mamá se pasara horas y horas leyendo en la sala y me llevara a menudo con ella si salía de compras, o a la modista, o al sastre, o a la peluquería, por las mañanas. La tragedia era que sí salía fijo, y desde luego sin mí, todas las tardes, y yo le daba un beso de despedida en el recibidor, ya con las lágrimas rodándome por las mejillas, y me quedaba largo rato sentada allí, debajo de la fotografía de Franco, llorando sin ruido. Aprendí ya entonces que la soledad no consistía siempre en no tener a nadie al lado: mi soledad consistía puramente en estar sin mamá, la soledad consiste simplemente en la ausencia de la persona amada.

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