…en la valla…

Entradas de Junio 2008

CONTAR CUENTOS. Mario Vargas Llosa.

Lunes 30 Junio 2008 · 5 comentarios

[...]Para Sherezada, contar cuentos que capturen la atención del rey es cuestión de vida o muerte. Si Sahrigar se desinteresa o se aburre de sus historias, será entregada al verdugo con las primeras luces del alba. Ese peligro mortal aguza su fantasía y perfecciona su método, y la lleva, sin saberlo, a descubrir que todas las historias son, en el fondo, una sola historia que, por debajo de su frondosa variedad de protagonistas y aventuras, comparten unas raíces secretas, que el mundo de la ficción es, como el mundo real, uno, diverso e irrompible. Para el bruto que la escucha y se deja llevar de la nariz por la destreza de Sherezada hacia los laberintos de la vida fantaseada donde permanecerá prisionero y feliz mil noches y una noche, aquella trenza de cuentos le enseñará que, dentro de la violenta realidad de matanzas, cacerías, placeres ventrales y conquistas en que ha vivido hasta ahora, otra realidad puede surgir, hecha de imaginación y de palabras, impalpable y sutil pero seductora como una noche de luna en el desierto o una música exquisita, donde un hombre vive las más extraordinarias peripecias, se multiplica en centenares de destinos diferentes, protagoniza heroísmos, pasiones y milagros indescriptibles, ama a las mujeres más bellas, padece a los magos más crueles, conoce a los sabios más versados y visita los parajes más exóticos. Cuando el rey Sahrigar perdona a su esposa -en verdad, le pide perdón y se arrepiente de sus crímenes- es alguien al que los cuentos han transformado en un ser civil, sensible y soñador[...].

Los personajes principales ejercen y disfrutan el placer de contar, una de las más antiguas formas de relación desarrolladas entre los seres humanos, una vez que tuvieron que agruparse en comunidades para defenderse mejor de la fiera, las inclemencias del tiempo, las tribus enemigas y procurarse el sustento. Como Sherezada al rey Sahrigar, esas historias que ardían en la caverna primitiva, alrededor del fogón que apartaba a las alimañas, fueron humanizando a sus oyentes. Ellas son el despuntar de la civilización, el punto de arranque de ese prodigioso camino que llevaría a los seres humanos, al cabo de los siglos, a los grandes descubrimientos científicos, a la conquista de la materia y del espacio, a la creación del individuo, de los derechos humanos, de la democracia, de la libertad y, también, ay, de los más mortíferos instrumentos de destrucción que haya conocido la historia. Nada de eso hubiera sido posible sin el apetito de vida alternativa, de otro destino distinto al propio, que hizo nacer en la especie la idea de inventar historias y contarlas, es decir, de hacerlas vivir y compartir mediante la palabra y, luego, más tarde, la escritura. Ese quehacer, esa magia, refinó la sensibilidad, estimuló la imaginación, enriqueció el lenguaje, deparó a hombres y mujeres todas las aventuras que no podían vivir en la vida real y les regaló momentos de suprema felicidad. Eso es también la literatura: un permanente desagravio contra los infortunios y frustraciones de la vida. Como en una obra mía anterior, Odiseo y Penélope, en Las mil noches y una noche, el teatro, la lectura y el contador de historias se funden para dar una versión en formato menor de un gran clásico de la literatura[...].

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Categorías: Cuentos

Backgammon

Domingo 29 Junio 2008 · 1 comentario

162. Backgammon

El ajedrez era el juego rey en el club. A las damas y al dominó jugaban los socios muy viejos y los muy jóvenes. Los juegos de naipes estaban prohibidos; se los consideraba juegos de azar primitivos que sólo causaban disputas y enemistades. Y nadie quería dedicarse al backgammon. No estaba prohibido, pero no era apreciado. El hombre que llevaba la cafetería quiso cambiar esta situación.
—Sólo es porque los miembros de la dirección juegan mal —decía en tono despectivo.
Farid sabía muchos juegos: ajedrez, damas, dominó, pero nadie de su familia había jugado al backgammon. En el convento estaba prohibido. Josef lo dominaba, pero en su casa tampoco estaba permitido. Era un juego para vagos, decía su padre.
Un día, Farid fue al club y vio a Josef y Taufik delante del tablero. Los miró fascinado. Josef maldecía en voz baja, porque perdía una partida tras otra. La variante del juego se llamaba frandshiye, «el juego de los francos». Cuando la partida terminó cinco a cero, Taufik ofreció otras variantes y Josef optó por el maghrebiye, «el juego de Marruecos». Al cabo de media hora Taufik volvía a ganar, aunque esta vez por poco.
—Quizá deberíamos probar con el mahbusse, «el juego de los presos». Hace poco me ganaste dos veces seguidas con él.
Josef hizo un gesto de rechazo.
—Hoy no es mi día.
—¿Qué clase de juego es ése? —preguntó Farid.
—Uno irritante pero que engancha —explicó Josef. Se estiró.
—Toda una filosofía —terció Taufik—. El ajedrez es férrea lógica y estrategia; no deja espacio a la vida, la suerte ni el azar. Todo el mundo lo ensalza, porque de hecho es para gente inteligente. Yo no juego, me resulta demasiado frío y calculador. Si te enfrentas a un profesional, no tienes la menor oportunidad. Destruye tu ejército en pasos minuciosamente planeados. En cambio, en el backgammon todo está abierto, como en la vida. Y otra cosa. Mira lo que me ha enseñado Guibrán.
»Dos jugadores representan dos destinos en la vida, dos dados son dos caminos. Cada dado tiene seis números: el uno es Dios; el dos es el cielo y el infierno, el mal y el bien, el hombre y la mujer; el tres es el padre, la madre y el hijo; el cuatro son las estaciones del año, los puntos cardinales; el cinco es el número de los dedos y los sentidos, y el seis es el número de la armonía y los colores del arco iris. Las dos cifras opuestas de un dado suman siete, que es un número sagrado.
»Cada lado del tablero tiene doce lenguas o casas para los doce meses del año. Ambos jugadores tienen veinticuatro casas, tantas como horas tiene el día. Juegan con treinta fichas, que son los días del mes, la mitad son negras para las noches y la otra blancas para los días. También se puede decir que por la tristeza y la alegría, la felicidad y la desdicha.
»El jugador se esfuerza con habilidad y, al contrario que en el ajedrez, antes de cada paso tiene que preguntar a su suerte, a su oráculo. Ha de tirar los dados, y el vencedor puede transformarse en perdedor y viceversa, a veces en el último momento. La mayor suerte al tirar los dados de nada sirve si se juega con torpeza, tal como es la vida —concluyó.
Esa noche, Farid pidió a Taufik que le enseñara las reglas de todas las variantes del juego. Y por primera vez echó una mirada detrás de la máscara del modesto arrendatario.

102. Enanos

Cada temporada tenía su propio juego. Quién establecía cuándo empezaba un período de juegos y cuándo terminaba era un secreto de la infancia. Sólo el juego del teléfono secreto estaba siempre permitido.
En invierno, los niños jugaban con frutos secos, huesos de aceituna y de dátil. Los ganadores se comían las nueces, y los huesos de aceituna y de dátil los llevaban a la fábrica de briquetas. Ardían bien, y así se ganaban unas cuántas piastras. En invierno se jugaba más a las cartas que en primavera. Poco antes de Semana Santa jugaban con huevos duros. Farid nunca podía participar, porque Elias y Claire lo consideraban un juego de las clases bajas. Con eso no se referían al inocente cascar los huevos en casa que todos los cristianos practicaban como costumbre de Pascua, sino a la competición en la que se ganaba o perdía una apuesta. Aun así, Farid siempre se escapaba al cruce de la calle de los judíos y así al menos podía echar un vistazo.
Allí se hacían trampas y se timaba a más no poder. Ningún día terminaba pacíficamente. Siempre pillaban a alguien haciendo una artimaña, y entonces se liaban a gritos y a veces incluso a puñetazos. Suleimán era el colmo del refinamiento: buscaba niños ingenuos que se habían traído de casa uno o dos huevos para probar su suerte, y tiraba contra ellos. En una ocasión, Azar le dio un huevo que no se podía romper, porque el pequeño inventor lo había trucado hábilmente. Sólo a él podía ocurrírsele una idea semejante. Había hecho un agujerito en la cascara del huevo crudo y había absorbido su contenido. Luego lo había rellenado con yeso y había esperado a que fraguara. Pero Azar carecía de la sangre fría para jugar con trampa, así que mandó a Suleimán con el huevo trucado. En aquella temporada de Pascua ganó por lo menos cincuenta huevos. Cuando un adulto desconfió y le pidió que le mostrara el huevo, desapareció a toda prisa entre la multitud.
Poco después de Semana Santa empezaba el juego con los huesos de albaricoque, que eran muy codiciados porque reportaban mucho dinero. Con los dulces se hacía una masa parecida al mazapán, y de los amargos, un poco más pequeños, se sacaba aceite.
Luego, en algún momento, de las casas salían volando las pelotas, y los niños corrían tras ellas para liberar la energía acumulada a lo largo de los meses invernales. El fútbol y el baloncesto eran los dos juegos más populares. Pero no cabía imaginar un juego de pelota sin enano. Los enanos —en algunos callejones los llamaban también «perros sueltos»— eran uno o varios niños demasiado pequeños para jugar, y que sin embargo querían participar de la diversión. Los dejaban salir al campo, corrían como los otros y jugaban apasionadamente por uno u otro equipo. Chutaban la pelota en cualquier dirección, arrimaban el hombro y eran aceptados y siempre bien tratados, porque no formaban parte de ninguno de ambos equipos. Sus goles no contaban, pero ellos jugaban, cambiaban de equipo y disfrutaban pensando que estaban jugando de verdad.
Cuando terminaba el colegio, a finales de junio, y las calles quedaban duras como piedras por la sequía, los niños jugaban con guijarros. Igual que en el caso del teléfono secreto, existían distintos juegos, que exigían resistencia, puntería y un fino sentido de la altura y la velocidad.
Las trampas y los trucos estaban a la orden del día. Hay incluso un chiste que dice que hasta Jesús, que ni siquiera en la cruz quiso hacer milagros, sucumbió a la tentación en el juego. Un día, contaban los niños en el callejón de Parid, estaba jugando al backgammon contra Mahoma en el cielo. Cuando iba tan mal que la última jugada no lo hubiera podido salvar ni sacando pareja de seises, Mahoma se burló:
—¡Ríndete, muchacho! ¡Has perdido!
Pero su ancha sonrisa se quedó petrificada cuando Jesús tiró riendo los dados: ¡pareja de sietes! Mahoma estaba furioso.
—Escúchame bien —le espetó—. ¡Esto no es un milagro, esto es trampa!

El lado oscuro del amor
Rafik Schami

Categorías: Cuentos · Juguetes

Golden Eggs, 1941

Domingo 29 Junio 2008 · Dejar un comentario

Categorías: Cartoons

EL ÁNGEL DEL ABUELO. Jutta Bauer.

Sábado 28 Junio 2008 · 3 comentarios

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Lo hacía siempre que le visitaba…




















Categorías: Cuentos

Parchís

Viernes 27 Junio 2008 · Dejar un comentario

El éxito del emperador Akbar El Grande, tercer Gran Mogol y verdadero fundador del Imperio, no conoció limites. Conquistó un imperio que se extendía desde Afganistán hasta la bahía de Bengala, y desde el Himalaya hasta al río Godavari. A través de una sutil mezcla de diplomacia, intimidación y fuerza bruta, Akbar ganó la lealtad de los Rajputs, la casta hindú más fuerte.
Pero cuando Akbar, El Grande, se aburría escogía a las dieciséis mujeres más hermosas de su harén, las coloreaba de cuatro colores diferentes, se sentaba en el centro del patio de su palacio y se disponía a practicar su juego favorito. El emperador lanzaba sus conchas de cauri e indicaba los movimientos que debían realizar sus concubinas por las marmóreas casillas. Y así entretenía sus días, hasta que las integrantes de alguno de los equipos llegaban hasta la casa (o sea, hasta él).
De lo que no ha quedado constancia en los anales de la historia, es del premio que el emperador reservaba para las ganadoras. Aunque no debía ser despreciable porque lo que sí es sabido es que las concubinas luchaban ferozmente entre ellas para poder participar en el juego.
Así que, cuando estén aburridos, si son capaces de imaginar que nuestra pobres fichas de colores son en realidad dieciséis hermosas concubinas, quizá puedan creerse durante un rato un gran emperador mogol.

Categorías: Juguetes

Peticiones del Oyente: SEND IN THE CLOWNS. Frank Sinatra.

Jueves 26 Junio 2008 · 3 comentarios

Isn’t it rich, aren’t we a pair
Me here at last on the ground – and you in mid-air
Send in the clowns

Isn’t it bliss, don’t you approve
One who keeps tearing around – and one who can’t move
But where are the clowns – send in the clowns

Just when I stopped opening doors
Finally finding the one that I wanted – was yours
Making my entrance again with my usual flair
Sure of my lines – nobody there

Don’t you love a farce; my fault I fear
I thought that you’d want what I want – sorry my dear
But where are the clowns – send in the clowns
Don’t bother they’re here

Isn’t it rich, isn’t it queer
Losing my timing this late in my career
But where are the clowns – send in the clowns (there ought to be clowns)
Well maybe next year

Categorías: Canciones

Jimmy & Dino

Miércoles 25 Junio 2008 · 1 comentario

Out in Arizona
Where the bad men are,
And the only friend to guide you
Is an evening star,
The roughest, toughest man by far
Is Ragtime Cowboy Joe.

How he sings,
Raggy music to his cattle
As he swings
Back and forward in his saddle
On his horse
(A pretty good horse),
Who is syncopated gaited,
And with such a funny meter
To the roar of his repeater.

How they run,
When they hear the feller’s gun,
Because the western folks all know:
He’s a hifalootin’, scootin’, shootin’
Son-of-a-gun from Arizona,
Ragtime Cowboy
(Talk about your cowboy),
Ragtime Cowboy Joe.

Categorías: Canciones · Persona(je)s

Peter y Wendy

Martes 24 Junio 2008 · 1 comentario

Cuando esta noche, antes de ir a dormir, estuve leyendo un trozo de Peter Pan a mis hijos, me acordé de la primera vez que lo leí (perdón, que me lo leiste). Después, cuando estaba arropando a Jorge en su cama, me recordó que no le había enseñado mi cuento de Peter Pan (el que me regalaste hace un año).

Entonces me di cuenta de que Peter Pan siempre había tenido que ver contigo.

¿Te acuerdas la primera vez que lo llevaste a la valla? Fue después de unas Navidades. Lo habías estado leyendo en las vacaciones y venías entusiasmado. A mí al principio no me gustó nada: tenía muchas palabras y pocos dibujos. Justo al revés de lo que a mí me gustaba. Pero los ojos te brillaban como nunca. Así que pensé que debía ser muy bonito. ¡Jo, y sí que lo era! Aún diría más: era absolutamente fascinante.

Después, siempre querías jugar a Peter Pan, que eras tú, claro. A mí me hubiera gustado ser Campanilla, pero tú siempre te empeñabas en que tenía que ser Wendy. Y a mí Wendy no me gustaba: yo no quería ser una madre, ni tener que zurcir y cocinar todo el día. Campanilla me gustaba mucho más. Porque era un hada pero, sobre todo, porque era mucho más divertida, mucho más descarada y hacía maldades. Wendy siempre me pareció un poco pánfila, la verdad. Y lo mejor era que, al final, Wendy se quedaba en su casa a crecer mientras que Campanilla se iba con Peter Pan. Pero nada, no había forma: siempre te empeñabas en que tenía que ser Wendy. Sólo me dejaste ser Campanilla una vez y porque me puse pesadísima.

Me lo leíste mil veces. Tantas que algunos capítulos nos los sabíamos de memoria. Me costó alguna bronca materna por llegar tarde a cenar, porque nos poníamos a leerlo y no nos dábamos cuenta de lo tarde que se hacía.

Tú estabas convencido de que ibas a ser como Peter Pan. Solías decir que nunca crecerías, ni irías a una oficina, ni tendrías barba y que, entonces, tendrían que cambiar la primera frase del cuento. Sin embargo, te empeñabas en que yo sería como Wendy (¡como siempre!), crecería y me olvidaría de ti.

A mí no me gustaban demasiado tus planes para mí, pero no había más remedio que resignarse y darte la razón. ¡Nunca se ha podido discutir contigo! Al menos, me prometías que no te olvidarías ningún año de la limpieza de primavera.

El año pasado volviste a traerme el cuento de Peter Pan y Wendy. Como siempre, tú eras Peter Pan y yo Wendy. Como siempre, yo protesté y te dije que Wendy me parecía una pánfila. Como siempre, te pedí que me dejases ser Campanilla. Como siempre, me contestaste que ‘Wendy no era ninguna pánfila’ (con soniquete de ninininini). Como siempre, no hubo forma de discutir contigo. Así que, como siempre, me tocó ser Wendy.

Como siempre, nos tuvimos que inventar nuestro País de Nunca Jamás. Como siempre, fue maravilloso.

Pero no conseguiste que cambiaran la primera frase del cuento. Más bien, tendrían que cambiar el final. Porque a Peter Pan le tocó crecer (¡y hasta le salió barba!).

Sin embargo, Wendy se quedó en Nunca Jamás. Pero, ya se sabe, que la isla sin Peter se queda sin vida…

Categorías: Tontadas

LOS SUPERHÉROES INJUSTAMENTE DESCONOCIDOS. Manu Larcenet.

Lunes 23 Junio 2008 · 1 comentario

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Categorías: Tebeos

Donald and Pluto, 1936

Domingo 22 Junio 2008 · 1 comentario

Categorías: Cartoons

LA PESCA DE LA SIRENA. Elzbieta.

Sábado 21 Junio 2008 · 6 comentarios

El pequeño Fanch fue a la orilla del mar a atrapar una sirena. O quizá sólo para ver una. O a lo mejor nada más que para saber de veras si existían…

Todas las mañanas iba a pescar sirenas, unas veces a las rocas, otras a la playa, y algunas incluso al puerto, entre los barcos.

Fanch tenía una amiga que lo seguía a todas partes. Era una chiquilla que vivía en una casa en lo alto del acantilado. Cuando Fanch pescaba en la playa, ella también estaba en la playa. Cuando él pescaba desde las rocas, ella jugaba en las rocas. Cuando él pescaba en el puerto o en el muelle, ella también estaba allí.

La chiquilla quería mucho a Franch, pero él no le hacía ningún caso. Cuando ella le preguntaba si quería jugar con una cometa o construir un castillo de arena, él respondía:
-No puedo. Estoy ocupado.
-¿Qué estás haciendo?
-Pescando sirenas, lo sabes muy bien.
Por más que la niña le repetía que no había que hacerlo y que estaba prohibido, a él no le importaba.

Todos los días, Fanch enganchaba alguna cosa bonita o útil en la punta del sedal: una pluma de pájaro, una mandarina, un elástico de colores… después arrojaba el cebo lo más lejos posible mar adentro y esperaba.

Un día, la niña dijo:
-Ya que las cosas son así y que Fanch nunca quiere jugar conmigo, ¡no iré más!
Y dejó de ir.
Se quedó en el jardín de su casa del acantilado y no volvió a bajar a la playa.

El pequeño Fanch siguió pescando, pero a partir de entonces, siempre estaba solo por todas partes.
-¡Qué rara y triste está hoy la playa! -se dijo.
Se fue a pescar a las rocas, pero allí tampoco se estaba como siempre. Y en el puerto, completamente solo entre los barcos, era aún peor.

Entonces, de repente -como la playa, el puerto y el mundo entero se habían vuelto tan tristes desde que la niñita ya no estaba- Fanch se dió cuenta de que tenía muchas ganas de volver a verla.
Corrió hasta la casa del acantilado, pero por mucho que llamó, ella no respondió.

Al día siguiente, volvió y llamó de nuevo a la niñita a través del seto del jardín. Le prometió jugar con la cometa y construir un castillo, pero ella no respondió. Por fin, al tercer día, le prometió no ir nunca más a pescar sirenas.

Entonces la niña abrió la puerta del jardín y los dos corrieron hasta el mar.

Pero resulta que cerca de la orilla, en el fondo del mar, vivía una sirena.
Ella se había dado cuenta de que Fanch intentaba cogerla, pero no se dejaba. Así que cuando Fanch pescaba entre las rocas, ella se escondía entre las rocas. Cuando Fanch estaba en la playa, ella nadaba a lo largo de la playa. Cuando él pescaba en el puerto, ella se escurría entre los barcos para verlo. Le habría gustado coger las cosas bonitas que él enganchaba para ella en la punta del sedal.

Pero estaba prohibido.
Sin embargo, no podía evitar tener ganas de seguir a Fanch por todas partes en secreto.

La sirena, escondida en el fondo del mar, se dió cuenta de que Fanch había dejado de tirar el sedal y jugaba con la niñita de la mañana a la noche. A partir de entonces, fuera donde fuese, tanto al puerto como a la playa, el agua le parecía gris y amarga. Fanch ya no la esperaba.

Todos los días la sirena esperaba que Fanch arrojara de nuevo sus regalos al mar. Pero él no lo hacía, sólo pensaba en la niñita. Entonces la sirena se dijo:
-Si hubiera sabido que Fanch me iba a olvidar, lo habría cogido por el sedal y atraído al fondo del mar.

Un día en que Fanch y la niñita paseaban en barco por la costa, la sirena los vio y decidió encrespar las olas del mar para que murieran. Pero todavía era muy pequeña para provocar una tormenta y lo único que consiguió fue rizar un poco las olas de la superficie.
-¡Eh, mira! -exclamó Fanch- ¡El mar está cubierto de corderos!
La niñita se estremeció.

-Volvamos de prisa a casa -dijo.

Un buen día llegó el fin del verano.
-¿Sabes?, voy a marcharme… -dijo la niñita.
-No, no quiero. Quiero que te quedes aquí conmigo. -Y se puso a construir un castillo de arena. Iba a ser tan grande y bonito que los dos cabrían en él. Vivirían juntos, siempre de vacaciones.

Pero al día siguiente, la casa del acantilado estaba cerrada. La niñita se había marchado y, en la playa, el mar había borrado las paredes del castillo.

El pequeño Fanch fue al puerto, y, mientras miraba los barcos, se dijo:
-La niñita seguramente volverá. Voy a esperarla aquí.
Pero por mucho que esperó, ella no regresó. Trepó entonces a las rocas y miró todos los lugares enlos que habían jugado juntos, esperando volver a verla. Pero la niñita se había marchado a su casa de la ciudad y Fanch estaba solo en la costa.

-Puesto que me has dejado completamente solo -se dijo Fanch-, ¿para qué voy a mantener la promesa que le hice?

Se volvió hacia las olas y gritó con todas sus fuerzas:
-¡Eeeeh sirena, sirenita, ven a jugar conmigo!
La sirenalo oyó desde el fondo del mar y reconoció la voz de Fanch.
Pero las sirenas siempre quieren ser las preferidas, las primeras y las únicas. Y ella sabía muy bien que Fanch la llamaba porque la niñita ya no estaba. Así que de lejos y sin mostrarse se burló de él.

Cuando el pequeño Fanch oyó la risa, creyó que era el graznido de una gaviota que reía y se dijo:
-A fin de cuentas, ¡las sirenas no existen!

Muchos años después, Fanch volvió a la costa. La chiquilla, que se había convertido en una chica, también regresó.
Se encontraron en la playa y cada uno le contó al otro que antes, de pequeño, solía ir a aquel lugar.
-A lo mejor jugamos juntos -dijo la chica.
-De lo que me acuerdo -dijo él- es que aquel año yo iba a pescar sirenas…
-¡La pesca de la sirena! -exclamó la chica.

Entonces se reconocieron y se acordaron de todo. Comprendieron que siempre se habían querido y que ahora que eran mayores… nunca más tendrían que separarse.


Categorías: Cuentos

EVERY NIGHT. Paul McCartney.

Sábado 21 Junio 2008 · 1 comentario

Ev’ry night i just wanna go out,
Get out of my head.
Ev’ry day i don’t wanna get up,
Get out of my bed.
Ev’ry night i want to play out
And ev’ry day i wanna do-ooh-ooh-ooh-ooh.
But tonight i just wanna stay in
And be with you-oo,
And be with you.

Ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh,
Ooh-ooh-ooh-ooh.
Ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh,
Ooh-ooh-ooh-ooh.

Ev’ry day i lean on a lamp post,
I’m wasting my time.
Ev’ry night i lay on a pillow,
I’m resting my mind.
Ev’ry morning brings a new day
And ev’ry night that day is throuough.
But tonight i just wanna stay in
And be with you,
And be with you.

Ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh,
Ooh-ooh-ooh-ooh, believe me, momma.
Ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh-ooh, momma,
Ooh-ooh-ooh-ooh.

And be with you.

Categorías: Canciones

Lo que vendrá con WALL·E: PRESTO

Viernes 20 Junio 2008 · Dejar un comentario

Categorías: Pelis

RÍO ABAJO. Rabaté.

Miércoles 18 Junio 2008 · 1 comentario

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Categorías: Tebeos

BOCA CERRADA. Gigi Bigot y Pépito Matéo. Ilustraciones de Stéphane Girel.

Miércoles 18 Junio 2008 · Dejar un comentario

Un día, en un país no muy lejano, un niño dejó de hablar.

Entonces el gato que estaba junto a la chimenea preguntó:
-¿Por qué?
El niño no contestó.
Y ese día el gato dejó de ronronear.
-¿Por qué? -preguntó entonces la casa.
El gato respondió:
-El niño ya no habla, así que yo dejo de ronronear.
Ese día la casa no abrió sus contraventanas.

Al ver eso, las flores del jardín preguntaron:
-¿Por qué?
-El niño ya no habla, el gato no ronronea, así que yo no abro mis contraventanas -respondió la casa.
Ese día, en el jardín, las flores bajaron la cabeza.
-¿Por qué? -preguntó el camino, asombrado.
Las flores del jardín explicaron:
-El niño no habla, el gato no ronronea, la casa no ha abierto sus contraventanas… Así que las flores bajamos la cabeza.
Por eso , el camino decició no llegar hasta el jardín y los que trabajaban en el campo no supieron por dónde ir.
Entonces, todo se detuvo.
Y el Sol se dijo:
-¿Para que voy a brillar?
El cielo se volvio muy negro y la noche invadió el país.
Sólo quedó una estrella allá arriba…

¿Por qué? Nadie lo sabe…
Lo que sí se sabe es que la estrella deslizó un sueño, un pequeño sueño en el corazón del niño.
Y en ese sueño había historias, historias y cuentos que le contaba la abuela antes de la guerra.
Los recuerdos de esos sueños eran hermosos, tan hermosos y esperanzadores que hicieron volver las palabras a la boca del niño.

El gato oyó hablar al niño, y entonces volvió a ronronear.
La casa abrió de golpe las contraventanas, las flores se enderezaron, el camino llegó otra vez hasta el jardín, el trabajo recomenzó en los campos y el sol brilló de nuevo…
Y la vida volvió a ser como antes
Y, como antes, las bellas historias y los cuentos hacen nacer sueños y recobrar la ilusión a los niños.

Categorías: Cuentos