Cuando terminó la guerra de Troya, Odiseo puso rumbo a Ítaca. Pero a poco de partir se dio cuenta de que no tenía ninguna buena historia que contar a Penélope. Así que cambió el rumbo y se perdió por el mundo en busca de aventuras e historias asombrosas con que sorprender a su amada a su regreso.
En una ocasión arrivó a las tierras de Arabia y se hizo llamar Sahrigar. Se enamoró de una mala mujer que lo engañó y convirtió su corazón en piedra. Así que decidió vengarse de todas las mujeres. Cada día desposaba una doncella, la disfrutaba y, con las primeras luces del alba, ordenaba al verdugo que le cortara la cabeza.
Hasta que apareció Sherezada y le embaucó con sus historias. Tanto le fascinaban los cuentos que le narraba cada noche que se olvidó de todo. El mundo real dejó de existir y sus días se convirtieron en un dejar pasar las horas en espera de la llegada de la noche y del fantástico mundo al que Sherezada le llevaba. Allí podía vivir la más sorprendentes aventuras, los amores más apasionados, las más grandes hazañas.
Hay quien dice que a Sherezada nunca se le acababan las historias, que Sahrigar acabó perdidamente enamorado de ella y que vivieron felices y comieron perdices.
Pero la realidad es que al cabo de mil noches y una noche, Sherezada se quedó sin historias que contar. Así que Sahrigar despertó del encantamiento en el que vivía, ordenó al verdugo que cortara la cabeza de la bella embaucadora y puso por fin rumbo a Ítaca.
¡Ahora sí que tenía un montón de historias que contarle a Penélope!

2 respuestas hasta el momento ↓
Itahisa // Viernes 19 Septiembre 2008 a 2:30 pm
Como la vida misma, y los sueños perdidos.
Fetichisto // Martes 14 Julio 2009 a 2:13 pm
!y, encima,no se le ven bien los pies!